miércoles, 3 de agosto de 2011

Valientes...y anónimos.

Backstage.
Valientes...y anónimos.
Chocan a gran velocidad, se prenden fuego, saltan al vacío. Los dobles de riesgo son los que se exponen al peligro en lugar de las estrellas. Osados hombres
y mujeres cuentan cómo es vivir a pura adrenalina.   
Por Luján Francos.
Asumir el riesgo, reconocerlo. Eso es lo primero que debe hacer una persona cuya dedicación esté ligada al peligro. Inmediatamente, surge otra característica,
profundamente ligada con aquello: responsabilidad. Si hubiera un manual de cómo ser doble de riesgo, ésas serían las primeras claves de esta actividad.
"La segunda es la actitud de arrojo, de enfrentar el peligro, la falta de vergüenza al riesgo", asegura Tom Cúndom, fundador de la empresa cinematográfica
FX en 1983 y doble de riesgo especialista en explosivos, piloto de helicóptero y conductor de auto entre otras disciplinas. "Lo que no puede tener, sin
duda, es la locura. No puede ser un desequilibrado."
Cuando los espectadores se sorprenden desde la comodidad de sus butacas con esas escenas violentas de choques, explosiones o caídas desde las alturas, es
casi inevitable que surjan varias preguntas. Lo cierto es que la aparición de los dobles de riesgo no pasa inadvertida, aunque sus protagonistas vivan
en el más profundo anonimato. Sus caras se mantienen escondidas gracias a los ángulos y las lentes de la filmación, y en el mejor de los casos sólo llegan
rumores sobre si tal o cual actor fue reemplazado por un doble.
Elis Nielsen es una doble de riesgo especialista en escenas con autos; también maneja motos, hace escalada y rapel, midió su puntería en el Tiro Federal
y fue la primera mujer en correr en fórmula 07 sin copiloto. "Todos hemos tenido algún accidente. Yo tengo la columna quebrada en tres partes. Hace tres
años, haciendo una caída libre para una serie en un set, me tiré de un cuarto piso y la tercera vez que lo hice caí mal y se me quebraron tres vértebras",
recuerda esta modelo y actriz, cuya primera taza fue de piratas y cuyo primer vehículo, un triciclo Kawasaki que le regaló su papá a los nueve años. Y
cuenta con humor que su hija de dos años es la doble de riesgo más joven de la historia. "Cuando hice estos saltos no sabía que estaba embarazada", dice,
con la tranquilidad de haber tenido un final feliz.
"Yo me corté, me quemé y me quebré, pero siempre en entrenamientos", relata Eduardo Cúndom, hijo de Tom y coordinador de dobles de riesgo de FX. Atravesó
un vidrio templado y cuando cayeron los vidrios se resbaló y se cortó. Pero la peor experiencia para él fue cuando se quemó la cara, se le hinchó y se
le descascaró. "Yo estaba prendido fuego y había una explosión, y como estábamos probando no me puse una capucha de protección; eso fue un error", reconoce.
Si bien los accidentes ocurren con cierta frecuencia en este rubro, las escenas se montan con grandes dispositivos de seguridad. En el caso del fuego, el
doble se camufla en un traje de Nomex -como los que usan los corredores de auto-, y encima se pone un gel que baja la temperatura del cuerpo para poder
resistir el calor del fuego. Sobre el gel va otro traje, y arriba de ese segundo traje se usa la ropa que lleva un combustible sólido y se prende fuego.
"Hay límites de tiempo, de 15 a 25 segundos, depende de si es total o parcial la encendida, y te apagan con matafuegos", sigue Cúndom hijo.
 
Para las escenas de vuelcos se usan, como en los autos de carrera, una buena jaula de seguridad, una butaca, un protector de cuello y un casco. Generalmente
se pone una rampa, aunque también se puede lograr el vuelco con un pistón que es pirotécnico o neumático y que impulsa al auto hasta darlo vuelta.
Las causas van variando en los diferentes accidentes: a veces se trata de pura negligencia; otras veces fallan los sistemas de seguridad, y en algunas oportunidades
hay falta de entrenamiento.
"La seguridad puede fallar. Yo venía corriendo arriba de un tren y se cortó la linga", recuerda Nielsen. "Estaba filmando un comercial y tenía un riel e
iba corriendo con un arnés y un mosquetón. De tanto girar, la cuerda se empezó a enroscar con mis idas y vueltas, y cuando el tren iba a fondo se cortó.
Me agaché y clavé las uñas en el techo del tren, parecía un gato. Una persona que no está capacitada no lo puede realizar, mientras que una persona que
está capacitada minimiza los riesgos", señala.
La pasión en primer plano
Hay un denominador común en los dobles de riesgo y es la pasión por su trabajo. Ellos son conscientes de que convirtieron en trabajo algo que ya hacían,
porque lo disfrutan como deportes extremos o artes marciales.
"Lo que más me gusta son las caídas de altura en edificios de hasta seis pisos; más todavía no hice", explica Ariel Arredondo, de 34 años, fundador de la
empresa Alastunt, formada por dobles de riesgo y actores de acción. "Es una caída libre, no estás atado, por eso se practica mucho. No se usa ninguna ropa
especial, la única protección es el colchón de aire, que tiene dos capas: la cámara de seguridad abajo y la que a uno lo absorbe arriba", detalla. La preparación
física también es fundamental: Arredondo se entrena desde chico en artes marciales. La combinación de taekwondo, acrobacia y gimnasia deportiva le permitió,
por ejemplo, doblar al actor norteamericano Tom Lenk -conocido por su trabajo en la serie Buffy, la cazavampiros y en Transformers (2007)- en publicidades
de Pepsi Max.
Un salto de 12 metros hacia una cascada, en Chile, es uno de los mejores trabajos que le tocaron en suerte a Eduardo Cúndom. "Fue una experiencia increíble.
Había buzos de rescate sumergidos, porque el agua estaba helada, a una temperatura de tres grados, y nos tiramos en short y sin remera", relata sobre la
publicidad de un champú que se filmó, para Francia, en la comuna chilena de Pucón.
Marcelo Abeal Urquiza recuerda su participación en Highlander 2, en 1991, para la cual se había montado una especie de ciudad de unas cinco cuadras en el
actual Puerto Madero. "Creo que fue la producción más grande y más costosa que hubo en la Argentina. Vinieron muchos dobles desde Estados Unidos. Yo cruzaba
delante de la locomotora que terminaba haciendo una explosión. Me cuidé solo y además tuve una gran charla con el doble de Christopher Lambert", cuenta
Abeal Urquiza, que además de actuar representa a colegas en la agencia Planeta Mau.
Tener conciencia
El miedo parece ser un integrante del elenco estable en los rodajes de acción. Contrariamente a lo que uno puede imaginar, su presencia es realmente bienvenida.
"Cuando me estoy por tirar siento miedo siempre; el miedo es bueno, es una precaución para uno mismo. He visto dobles sin miedo y hacen locuras. Hasta
pueden llegar a morir, el colchón de aire es la causa de mortalidad más grande de dobles de riesgo", sentencia Arredondo.
"Siempre sentís miedo, pero lo manejás. Antes de cada escena me pregunto qué estoy haciendo ahí", se sincera Eduardo Cúndom. Y cuenta que una vez había
una camioneta que chocaba contra un auto y después venía otro auto que manejaba él y volcaba. "El chico que manejaba la camioneta era un fenómeno, un piloto
con experiencia. Y el que estaba en el auto al que chocaban ya sabía lo que era un choque, porque en su vida particular tuvo muchísimos choques y vuelcos
manejando en la calle. Sin embargo, en el momento de hacer la toma se paralizó. Aceleró de más y esquivó la camioneta que venía a chocarlo." Finalmente
se dejó impactar, pero explicaba a sus compañeros que el instinto no le permitía recibir la colisión. "Los dobles tienen que tener la particularidad de
poder controlar el miedo. No es bueno estar confiado, pero tampoco es bueno estar asustadísimo, porque te bloqueás. Hay que tener mucho poder mental",
concluye Cúndom.
El tema del presupuesto obliga a preparar las escenas de choques casi a la perfección, porque se resuelven en una única toma: una vez que se chocó el auto
no se puede volver a usar. Nielsen recuerda que estaban filmando para Amas de casa desesperadas y ella tenía que hacer una maniobra pasando a un metro
y medio del camarógrafo. "El pobre camarógrafo estaba transpirando, casi se muere de miedo cuando vio que era una mujer la que tenía que hacer la escena
con el auto." Los choques y la conducción de precisión ya son automáticos para ella. Cuando hizo de doble de Cecilia Roth en Tratame bien, protagonizó
un choque de un auto que luego desbarrancaba.
Si bien en nuestro país es una profesión complicada por la falta de continuidad y la poca demanda -a diferencia de lo que ocurre en países como Estados
Unidos o España-, ellos se las arreglan para seguir adelante. Entre películas, publicidades y a veces teatro, hay quienes logran hacer de esta profesión
un medio de vida, aunque en muchos casos necesiten tener un trabajo aparte.
"El pago varía de acuerdo con el riesgo y las veces que se repitan las tomas. Pero es un trabajo que está bien remunerado, para ser un ratito de filmación
está bastante reconocido", opina Tom Cúndom. Por hacer una caída libre, un doble puede cobrar 3000 pesos en un día. Generalmente se pacta un cachet que
incluye tres tomas, y si la escena no satisface a los directores o productores y es necesario repetir, por cada toma siguiente se cobra un cincuenta por
ciento del cachet. "Uno corre más peligro a partir de la cuarta prendida de fuego, porque los materiales pueden llegar a quemarse, van perdiendo los líquidos,
y los químicos que retardan el fuego se van deteriorando", explica Arredondo, que se está preparando para una publicidad.
Arrojo y agallas, mezclados con profesionalismo y preparación. Hombres y mujeres que entre explosiones, saltos al vacío y choques llenan su vida de adrenalina.
Y de paso, les evitan el riesgo a las estrellas.
LA TECNOLOGIA, MUY LEJOS DE SER UNA AMENAZA
El avance indiscutido de la tecnología podría parecer un problema para el trabajo de los dobles de riesgo. Sin embargo, ocurre lo contrario. "La tecnología
no pone en peligro nuestro trabajo. Es más: antes tenías que prender fuego a un hombre, hoy le ponés un poco de fuego y el resto se lo agregás en la posproducción",
afirma Tom Cúndom.
Otro caso que sirve como ejemplo es el de las explosiones. Cuando la tecnología no estaba tan avanzada como hoy, no había posibilidad de que el doble de
riesgo estuviera fuera de la explosión. En la actualidad, en cambio, se puede montar una explosión sin el doble, y gracias a la computadora se puede componer
la escena y agregarlo como si hubiera estado en el medio de todo el descontrol.
Arredondo explica que para hacer una escena en estudio en la que aparezca alguien volando por el aire, dando vueltas o haciendo una caída, se siguen usando
dobles de riesgo. El efecto llamado croma permite hacer desaparecer el fondo, generalmente azul o verde. En algunos casos se usa para ahorrar dinero en
el traslado de los actores. Entonces se filma una escena en el set y luego se monta el fondo con imágenes de otro lugar.
Además, antes el doble tenía que hacer una caída libre sin ningún cable que lo pudiera sostener. En cambio, dice Cúndom, ahora tiene la opción de hacerlo
con un sistema donde hay un cable que lo frena. Así se evita el riesgo de errarle al colchón en la caída, y todos esos accesorios que se usan para seguridad
se pueden borrar en la edición. Conclusión: la imagen muestra una caída natural.
Incluso muchos se sorprenderán al saber que los videojuegos de pelea se hacen con dobles de riesgo a los que se les pone un traje con sensores para captar
los movimientos.