jueves, 21 de febrero de 2013

En primera persona. "Todas las familias son únicas",.

Por Marina von der Heyde. 
 
 
 
 
A mi marido Pablo y a mí nos presentaron porque teníamos muchas cosas en común. La primera salida me la pasé casi gritando. Yo no tenía idea lo que era la hipoacusia. De hecho fue todo un aprendizaje conocer las diferencias entre sordo, sordo mudo, o con audición reducida. Luego descubrí que el hipoacúsico es como un corto de vista, lo que pasa es que estamos más acostumbrados a ver personas con anteojos que con audífonos, o que lean los labios.
 
Nos entendimos muy bien desde el principio. Para mí no es difícil entenderlo porque su oralidad es clara. Lo que si me costó al principio fue tener que hablar por teléfono con terceros para comunicarme con él para salir. En ese entonces los mails funcionaban bien, pero no para los temas de último momento. Recién a los varios meses de conocernos el celular y los mensajes de texto nos mejoraron mucho el proceso. A lo que me acostumbré es que mirarlo y modular más. Hay que olvidarse de los gritos y pasar a una vida más silenciosa que requiere más atención. Ir a la persona para decirle algo.
 
La verdad es que todo se fue dando solo. A la hora de la convivencia nos enfocamos en encontrar entornos donde nos aceptasen como somos. En la casa nos complementamos mucho y los dos tratamos de tener roles muy presentes. Su trabajo en arquitectura le da más flexibilidad para estar más por la casa y compartir tiempo con los hijos lo cual valoramos mucho. Es metódico y ordenado, lo que suma mucho a la convivencia. Por mi parte me dedico más a los chicos al volver del trabajo y disfruto cocinando.
 
A la hora de encarar el proyecto de tener hijos surgió el tema de si su discapacidad era hereditaria o no, pero por ahora todo se ha ido dando sin mayores problemas. Hoy tenemos dos hijos de 1 año y 7 meses y otro de 5 años, y ambos escuchan bien.
 
Todas las familias son únicas. La nuestra ha incorporado hábitos a la vida diaria que de otra forma no hubiéramos tenido que incorporar, pero eso no nos hace una familia diferente. Tenemos nuestros altos y bajos como todos. Agradezco que sea una familia muy unida y que está presente, tanto la de su parte como de la mía.
 
En la sociedad hay mucho desconocimiento, miedos y tabúes que hacen que todo sea complejo para alguien con discapacidad. Lo que toda persona necesita es que la ayuden a ser lo mejor de sí misma y para ello es necesario que existan posibilidades para cada capacidad. Estoy convencida de que cada uno es único y cuenta con capacidades para desplegar, siempre que lo dejen hacerlo.
 
La discapacidad es la otra cara de la capacidad. Como alguien me dijo alguna vez: "Todo depende del cristal con que se mire".