jueves, 6 de octubre de 2011

Latinoamérica, El 70% de las personas con discapacidad no tiene empleo

Alrededor de 50 millones de habitantes de América Latina sufren de discapacidad, con porcentajes que oscilan del 1,1% de la población en Paraguay al 14,5% en Brasil, según un reporte de la Organización de Naciones Unidas.
 
 
El informe, elaborado por el Fondo de Población de la ONU (UNFPA) y por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), precisa que alrededor del 70% de las personas con discapacidad "están desempleadas o excluidas de la fuerza laboral" en la región.
La posibilidad de acceso a los servicios de educación también se reducen significativamente para las personas discapacitadas, especialmente a medida que aumenta la edad.
El informe precisa que solo el 30,1% de los jóvenes discapacitados están escolarizados en México, mientras que en Brasil, concurren a la escuela 88,6% de los niños discapacitados de 7 a 14 años, pero entre los no discapacitados el porcentaje se incrementa a más del 94%.
En Uruguay, la Encuesta Nacional de Personas con Discapacidad de 2004 registró una brecha semejante pues el 81% de los adolescentes discapacitados de 6 a 18 años asistía a la escuela, contra el 90,6% de los niños y jóvenes sin ese percance.
"Estas diferencias hablan del embate al derecho a la educación con igualdad de oportunidades y sin discriminación" señaló el informe.
También existe una prevalencia según el género, con 15,3% de mujeres discapacitadas contra 13,7% de los hombres en Brasil y del 14,9 contra 10,9% en Chile, por ejemplo.  
La imposibilidad de acceder a la escolaridad condiciona el ingreso futuro al mercado laboral, cuando en el mundo existen 386 millones de personas con discapacidad en edad de trabajar, "pero el gran porcentaje de este grupo de población está desempleado", advirtió la Organización Internacional del Trabajo (OIT) .
La encuesta de la ONU detalló que "las personas con discapacidad tienen más probabilidades de estar desempleadas, y generalmente gana menos" y en consecuencia "son más vulnerables a la pobreza".
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estimó este año que en el mundo habitan cerca de 785 millones de personas  (15,6%) de 15 y más años que viven con una discapacidad.
La Encuesta Mundial de Salud de la OMS indicó que las tasas de empleo son menores entre los varones y mujeres discapacitados  (53% y 20%, respectivamente) que entre los varones y mujeres no discapacitados  (65% y 30%, respectivamente). Un estudio reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos  (OCDE) comprobó que, en 27 países,  "las personas con discapacidad en edad de trabajar, en comparación con sus homólogas no discapacitadas, experimentaban desventajas significativas en el mercado laboral y tenían peores oportunidades de empleo".    
Los datos existentes sobre la discapacidad y el mercado laboral también son diversos en América Latina "pero aportan fundamentos a este panorama de desigualdad", subrayó el informe de Naciones Unidas.
En Argentina, el 30,3% de los jefes de hogar discapacitados se encontraba ocupado y el 63,1% inactivo y en Chile solo el 29,2% de la población discapacitada tenía un trabajo remunerado.
En Brasil, del total de las personas discapacitadas en condiciones de trabajar solo estaba empleada el 38,6%, mientras que en Uruguay la tasa de actividad de la población discapacitada era del 19,6%, en México del 25% y en Chile del 29,2%.
"Hay una estrecha relación entre discapacidad y pobreza, que se afectan mutuamente", sintetizó el informe, sobre la dificultad de encontrar un empleo remunerado.
  

Luego de nueve años, una nena ayudó a resolver el asesinato de su padre


El hecho se produjo en mayo de 2002 en catamarca
Luego de nueve años, una nena ayudó a resolver el asesinato de su padre
Publicado el 6 de Octubre de 2011
 Por Gastón Rodríguez
Benjamín Ramírez Hidalgo era peluquero y lo mataron de dos balazos dentro de su casa. Su hija adoptiva de tres años estaba escondida en la habitación y logró ver a los atacantes. Por el crimen, están detenidos dos hermanos.
  La noche del 10 de mayo de 2002, Benjamín Ramírez Hidalgo cayó muerto en el comedor de su casa, a metros de su hija, que intentaba dormir en otra habitación. Antes de acostarse en su cama, la niña, de apenas tres años, vio discutir a su padre con dos hombres. Después, sólo escuchó los estruendos que la convencieron de esconder la cabeza bajo las sábanas.
Casi una década después, la justicia de Catamarca apresó a dos hermanos acusados del crimen. Entre los testimonios claves que permitieron las detenciones, se encuentra el de la hija de la víctima.
Los fiscales Marcelo Sago y Juan Pablo Morales de la Unidad de Delitos Especiales imputaron a Ángel Omar Pérez, de 31 años, y a Andrés Darío Pérez, de 25 y menor de edad al momento del hecho, del delito de homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego en calidad de coautores.
Según la reconstrucción de los investigadores, la última visita que recibió Hidalgo en su casa ubicada en el barrio Loteo Russo, en el norte de la ciudad, fue la de los hermanos Pérez.
La excusa era el cumpleaños del menor de ellos, que mantenía con el peluquero una relación sentimental. Sin embargo, el clima festivo se interrumpió cuando el anfitrión se negó a entregarles dinero a los jóvenes para comprar regalos y algunas bebidas. Los gritos despertaron a la hija adoptiva de Hidalgo, quien fue hasta el comedor para ver qué sucedía, aunque debió regresar de inmediato al dormitorio por orden de los tres hombres.
Lo que siguió después fue la ejecución de Hidalgo. La autopsia determinó que la causa de la muerte del ciudadano peruano de 43 años fueron dos disparos realizados desde un revólver calibre 32. El primero se alojó en la pierna derecha. El último y fatal, en el centro del pecho.
La nena no volvió a salir de su habitación hasta 12 horas después, en la tarde del día 11, cuando un vecino, preocupado por el paradero del peluquero, saltó la pared medianera e ingresó a la casa. El hombre encontró el cuerpo de Hidalgo desparramado en el piso. También a la nena, que había mojado la cama por miedo de ir hasta el baño.
Los peritos probaron que la escena del crimen estaba cerrada con llave desde adentro y que los perros de Hidalgo, según el testimonio de los vecinos, no ladraron en ningún momento. Todos los  indicios, entonces, apuntaron al círculo íntimo de la víctima.
En 2009, la causa fue reactivada por el fiscal Sago, quien se propuso encontrar al único testigo ocular del hecho. El año pasado la justicia ubicó a la hija de Hidalgo, que se encontraba bajo la tutela de una amiga de su padre. Al principio, la menor se mostró "bloqueada", pero el equipo de profesionales que la asistió logró que finalmente declarase en cámara gesell.
Además de los datos aportados por la menor, fue decisivo para la suerte de los Pérez –el mayor sería el autor material de los disparos– la declaración de un testigo, que confesó haber llevado a los hermanos en su camioneta hasta la casa del peluquero.
Ayer a la tarde, los dos sospechosos se negaron a declarar ante el fiscal por consejo de su abogado.<

sábado, 1 de octubre de 2011

un icendio destruyó una antena de dos radios de Hadad.

un icendio destruyó una antena de dos radios de Hadad.
 
Fue durante la madrugada de hoy; se trata de las emisoras Pop y Mega que quedaron fuera del aire; investigan las causas.
 
 
 
 
Un incendio provocado por un cortocircuito destruyó totalmente durante la madrugada de hoy la torre de transmisión de las radios FM Federal, POP 101,5 y Mega 98.3, ubicada en el barrio porteño de Barracas.
 
La Policía Federal indicó que el incendio se produjo "en un galpón de las instalaciones de la División Automotores" de la fuerza de seguridad en Barracas lo que provocó el colapso de "una torre metálica que alojaba la antena de la radio FM Federal y de otras dos radios comerciales".
 
Esas radios, que quedaron fuera del aire, son propiedad del empresario Daniel Hadad y emitían su programación desde dos antenas de alta potencia ubicadas en una torre de 210 metros de altura, ubicadas en un terreno propiedad del Ministerio de Seguridad.
 
Con la firma de Hadad, el Grupo Infobae emitió un comunicado que detalla que la antena destruida tenía una antigüedad de 14 años y que el incendio "se originó en un depósito de rezagos que, según una autoridad gubernamental, habría sido generado por un cortocircuito".
 
"Como consecuencia de este desafortunado y aún no esclarecido episodio, un millón y medio de oyentes en el Area Metropolitana, no podrán escuchar en los próximos días dos de sus emisoras preferidas", añadió el comunicado.
 
El texto de Hadad explicó que "todos los profesionales de este Grupo se encuentran trabajando para encontrar una pronta solución ante este inesperado hecho".
 
Un comunicado del Ministerio de Seguridad de la Nación indicó que el incendio de esta madrugada fue sofocado por siete divisiones de Bomberos de la Policía Federal que llegaron al lugar a la 1.50.
 
El incendio es investigado por la fiscal nacional María Paula Asaro, que encomendó pericias a la Dirección de Policía Científica de la Gendarmería Nacional.
 
Los peritos identificaron el origen del foco ignífugo "en el interior de un galpón con rezagos policiales en el que se encontraba una de las bases de amarre de los tensores de la torre", indicó la Policía.
 
Y, señaló que "al desplomarse generó daños materiales en las instalaciones policiales, pero ninguna persona resultó herida".

LOS PUMAS VAN POR UN PEDAZO DE GLORIA EN EL MUNDIAL DE NUEVA ZELANDA


 
 
El partido, válido por el grupo "B", se jugará desde las 21 de Argentina (las 13 del domingo en el territorio neocelandés) en el estadio Arena Wanawatu de la ciudad de Palmerston North, y contará con el arbitraje del irlandés Alain Rolland.
 
El triunfo que logró este sábado Inglaterra ante Escocia, por 16-12, le permite a Argentina clasificarse con punto bonus, es decir perdiendo por siete o menos puntos ante Georgia.
 
Inglaterra, que ganó el grupo, culminó con 18 unidades, Escocia le sigue con 11 y Argentina suma 10. Con el punto bonus Los Pumas igualarán en puntaje a los escoceses y clasificarán al haber superado a los británicos en el enfrentamiento directo (13-12).
 
Lo seguro es que el segundo del Grupo "B" tendrá como adversario en los cuartos de final a Nueva Zelanda.
 
Para jugar ante Georgia, el director técnico argentino Santiago Phelan dispuso cinco
modificaciones respecto al trascendental triunfo frente a Escocia.
 
El primera línea de Leicester de Inglaterra, Marcos Ayerza, debutante en el Mundial de Nueva Zelanda, reemplazará a Rodrigo Roncero, quien sufrió un desgarro en el aductor izquierdo.
 
En tanto, el tercera línea rosarino Gonzalo Senatore, otro de los que hará su estreno, ingresará por Juan Fernández Lobbe, quien quedó descartado para el resto del Mundial por una rotura de ligamentos también ante Escocia.
 
Asimismo, Lucas González Amorosino, autor del magnífico try que le dio la victoria a Los Pumas el domingo pasado, será de la partida desde el inicio en lugar del fullback Martín Rodríguez Gurruchaga.
 
Las otras dos modificaciones dispuestas por el entrenador consistirán en las entradas de Mariano Galarza por Manuel Carizza en la segunda línea y del wing Juan Imhoff por Gonzalo Camacho.
 
El equipo "albiceleste", que cayó en su debut ante Inglaterra (13-9) y luego se recuperó con los éxitos ante Rumania (43-8) y Escocia (13-12).
 
En otro orden, el encuentro será el primer choque en una Copa del Mundo entre
Argentina y Georgia, al tiempo que Los Pumas se impusieron por 33 a 3 en un cotejo correspondiente a la fase clasificatoria de la Copa del Mundo de Francia 2007.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Contención, El amor que sólo una familia puede dar.

Contención.
 
El amor que sólo una familia puede dar.
 
Voluntarias que no sólo van a los hogares de niños a brindar apoyo escolar y hacer actividades de recreación, sino que también abren las puertas de sus casas para que ellos puedan vivenciar lo que significa estar en familia.
 
 
Estefi espera con ansias el fin de semana. No porque quiera dormir hasta más tarde ni porque quiera salir a la noche, sino porque sabe que el sábado a la mañana Andrea Meconi la acompañará a jugar al hockey y luego se la llevará a su casa hasta el domingo a la tarde. Estefi vive de lunes a viernes en el Hogar de Tránsito del Niño Jesús de Villa Adelina, pero los fines de semana Meconi, una voluntaria de la fundación, se la lleva a pasear. "El principal objetivo es mostrarle a Estefi algo tan elemental como lo que significa vivir en familia. La mayoría de los chicos que viven en hogares tiene una imagen muy distorsionada de ella, por eso es muy importante que vean y sean parte de un proyecto donde los lazos de amor y contención priman sobre la violencia y el abandono", contó Meconi.
 
Al igual que Meconi, Graciela Pardo y María Marta Willliams, voluntarias del Hogar Juanito y Manos Abiertas, respectivamente, también se proponen, con el calor que sólo una familia puede dar, acompañar los fines de semana a chicos que durante la semana viven en hogares de tránsito hasta que las autoridades decidan si vuelven con su familia de origen o son dados en adopción.
 
"Si bien en Manos Abiertas los chicos están bárbaros y muy contenidos, la idea de lo que significa vivir en familia no la tienen. Por eso, que los niños puedan venir a casa a pasar tiempo con mi marido y mis 5 hijos es una manera de que vean otra cosa y que puedan disfrutar lo que implica estar en familia, algo que durante la semana a ellos les falta", contó Williams, que es voluntaria del hogar hace más de tres años.
 
Familias de apoyo, referente o padrino o madrina son maneras de hacer lo mismo: acompañar -hasta que se resuelva su situación- y hacer que los niños que fueron separados de sus padres sientan lo menos posible la carencia de algo tan fundamental como es la familia.
 
"Para cualquier chico es lo más normal tener a alguien que vaya a las reuniones de padres, lo lleve a tenis o a lo de un amiguito, pero ésa no es la realidad de los chicos que viven acá, por eso la idea de la figura del referente es que los niños se sientan acompañados en todas esas áreas donde la familia suele ser un pilar fundamental", contó Mónica Basualdo, directora de Hogar Juanito, que alberga a 21 niños hasta los 21 años.
 
Si bien todas las voluntarias son conscientes de que ninguna de sus familias puede reemplazar a las de origen de los chicos que viven en los hogares, también saben lo importante y beneficioso que es que ellos conozcan y sean parte -aunque sea por unos pocos días a la semana- de una familia sana. "Los chicos se incorporaron totalmente a mi familia hasta el punto que se pelan con mis hijos por la computadora o por jugar a la Play, como pasa en cualquier casa, y creo que eso es la esencia de este proyecto: que sean parte de una familia", contó Williams. Por su parte, María Chimondegui, voluntaria de Manos Abiertas y quien además se encarga de las tareas directivas del hogar, contó: "Es muy frecuente que los chicos que viven en hogares tengan la imagen de una figura paterna ausente ya que, por lo general, fueron criados por madres solteras. Así en nuestra fundación intentamos hacer mucho hincapié en el rol de los maridos que acompañan a las voluntarias para que pasen tiempo con ellos y de esa forma poder trabajar en ese vínculo que los chicos tienen negado. Por eso creemos que es fundamental el aval de toda la familia y no sólo del voluntario a la hora de encarar esta tarea".
 
Un proyecto familiar
 
No sólo se necesita vocación, amor, tiempo y paciencia, sino que es indispensable, según dijeron las entrevistadas, contar con el apoyo de sus familias para poder llevar adelante el proyecto. "En mi casa les encanta pasar tiempo con Estefi, por ejemplo. Para las Fiestas ni me preguntan y ya saben que tienen que poner un plato más y lo viven con mucha alegría", contó Meconi. Por su parte, Williams también dijo lo involucrados que están sus hijos hasta el punto de que muchas veces son ellos los que la incitan a ir a buscar a los chicos al hogar: "Ma, quiero que este fin de semana venga fulanito o menganito, me dicen".
 
No todos los hogares tienen la misma dinámica. En el Hogar Juanito y en el Hogar de Tránsito del Niño Jesús intentan que se armen vínculos y que cada chico tenga una familia de referencia. "Creemos que es importante que los chicos tengan un referente y sea un especie de modelo a seguir", contó Basualdo. "Los chicos en el hogar, si bien están muy bien cuidados, siempre están en patota y creo que es fundamental para ellos tener su momento donde sean tratados de forma individual. Por eso la importancia de que se establezcan vínculos personalizados. Lo que se generó con la chica que yo sacaba a pasear fue una relación de madrina y ahijada, o hasta de mamá postiza te podría decir", contó Pardo. Por su parte, en la fundación Manos Abiertas prefieren evitar que se generen vínculos tan estrechos, por lo que se intenta que los chicos vayan rotando los fines de semana a las casas a las que van de paseo. "Por un lado creemos que es bueno que los chicos conozcan la variedad, pero principalmente lo hacemos para cuidarlos. Cuando ellos van a tu casa siempre tienen la ilusión, aunque uno lo charle y les explique, de que los adoptemos. Por eso nos parece lo más sano que vayan rotando para que sea más fácil el momento en el cual tenga que irse", explicó Chimondegui.
 
Poder decir adiós
 
"Amar a alguien que no te corresponde", así describió Pardo lo que ella hace en el Hogar Juanito. "Estos son hogares de tránsito y, como tal, sabemos que en algún momento los chicos se van a ir. Si bien uno conoce las reglas del juego y se alegra y festeja cada ida, no dejan de ser momentos duros", contó la voluntaria. Por su parte, Chimondegui confesó: "Aunque sabemos que nuestra tarea es la de acompañar y fortalecer a los chicos para que ellos lleguen de la manera más preparada al encuentro con sus padres, ya sean los adoptivos o los de origen, no te voy a negar que es un pequeño duelo para nosotros, pero es parte de esto".
 
Poder decir adiós y amar a alguien desinteresadamente, dejando que el niño que recibió todo de uno se vaya, es parte de lo que se propusieron hacer Meconi, Pardo y Williams. Pero a cambio, estas familias también reciben algo muy valioso y las voluntarias se animaron a decir que en la balanza terminan ganando más sus familias que los chicos a los que acompañan.
 
Los chicos que los fines de semana salen del hogar tienen la posibilidad de vivir unos días dentro de un entorno familiar: comparten una sobremesa, una salida en conjunto o un juego entre todos. Pero la familia que alberga a esos chicos también recibe mucho. "Todo esto deja una enseñanza insuperable en la familia. Es una manera de mostrarle a mis hijos lo esencial de la vida y uno aprende a valorar las cosas más simples como el goce de poder compartir. Yo creo que en definitiva ganamos más nosotros que ellos", contó Williams. Por su parte, Meconi también está convencida de que en este camino se gana mucho: "En mi familia generó una unidad y contención que de otra manera creo que hubiese sido difícil lograr".
 
Es así que no es sólo Estefi la que espera con ansias el fin de semana. Andrea Meconi y toda su familia también cuentan los días para que llegue el sábado y poder acompañar a Estefi a jugar al hockey y luego compartir un tiempo en familia con ella.
 
COMO COLABORAR
Manos Abiertas
http:/www.manosabiertas.org.ar
 
Hogar del Niño Jesús de Villa Adelina
http:/www.elhogar.org.ar
 
Fundación Juanito
http:/www.fundacionjuanito.org.ar

Mi hogar es tu hogar.

Mi hogar es tu hogar.
 
La modalidad del intercambio de casas como forma de hacer turismo cada vez gana más adeptos. Testimonios y claves para entender un fenómeno que achica gastos y fomenta los lazos con gente de todo el mundo.
 
 
 
 
Difícil saber si el resultado será tan feliz como el de Iris (Kate Winslet) y Amanda (Cameron Diaz) en el film El descanso, quienes para olvidar un desencanto amoroso intercambiaron sus casas durante dos semanas y encontraron, sin proponérselo, al amor de sus vidas. Pero seguro tendrá muchos puntos a favor: sentirse como en su propia casa, vivir la ciudad por conocer como si fuera un vecino más, y la posibilidad de ahorrar, y mucho, en hospedaje.
 
Es cierto, este sistema no es para todos. Por lo pronto, no hay que tener pruritos a la hora de la posible mirada indiscreta de un desconocido a nuestra intimidad. Sin embargo, cada vez son más los argentinos que se abren a esta modalidad de veranear en casa ajena y recibir en casa propia.
 
Claro que sentirse como en nuestro hogar también significa, además de hacer la cama y cocinar, regar las plantas, pasear a los perros o darle de comer a los peces. Pero hay más: europeos y estadounidenses, sobre todo, también hacen canjes de bicicletas, autos y hasta yates de lujo, algo a lo que muy pocos se animan por estos lados.
 
Con sólo asomarse a algunas de las páginas Web que proponen este tipo de servicios deslumbra el abanico de ofertas, por el nivel de los inmuebles y los lugares exóticos que se multiplican
 
El abogado Marcelo Seltzer es uno de los que dio el sí. De 57 años y con hijos grandes, analizó varias propuestas hasta que finalmente un pintoresco departamento en París, a dos cuadras del Arco del Triunfo, lo terminó de convencer para concretar su primer trueque. Subió al avión en octubre de 2008 y la incertidumbre lo acompañó hasta que levantó la alfombra en la puerta del departamento prometido. Sin embargo, allí estaba, escondida y reluciente, la llave, como le había prometido su dueña, una azafata retirada que consume su tiempo viajando por el mundo. El resto, una estadía de diez días con su mujer, no pudo ser mejor.
 
"Lo extraño es que nunca llegué a conocer personalmente a esta mujer. Todos los contactos los hicimos por mail, nos cruzamos en el aire", explica Marcelo en su departamento de Villa Urquiza, que al año siguiente realizó su segundo, y por ahora, último intercambio con una pareja de Nueva York.
 
La azafata retirada, conocedora de las reglas no escritas del intercambio, dejó a la pareja argentina una sorpresa: dos copas, una botella de buen vino y una abundante picada a modo de bienvenida. El, más por delicadeza que por conocimiento, mandó a buscar a su huésped que no conocía la Argentina, con un remis a Ezeiza. "Miedos siempre hay, pero cuando le pregunté qué debía llevar a París, me contestó: lo que traerías a la casa de un amigo. Eso fue clave. Nosotros terminamos comprando en el almacén de la esquina de su casa y ella comiendo empanadas con mis vecinos", asegura el abogado.
 
Si bien siempre puede haber sorpresas no gratas, una de las formas de alejar fantasmas es chequear en los sitios Web de estas empresas cada uno de los trueques que hizo nuestro posible huésped y buscar referencias antes del sí definitivo. Sin embargo, los argentinos que usan esta forma de viajar afirman que los peligros son muchos menos que los que se pueden correr aquí nomás, en un alquiler de veraneo.
 
Marcelo tiene una fórmula simple para el trueque: busca profesionales o gente de nivel económico medio o alto, y en lo posible parejas. "Con los mails te vas dando una idea de con quién estás tratando. Además, los socios suelen exhibir fotos de sus viajes. Estoy seguro de que es más riesgoso un alquiler de temporada aquí con un desconocido", asegura. Y agrega que una vez le ofrecieron alquilar un departamento en la costa con vista al mar. "Cuando llegué al lugar el tipo se subió a una sillita y me dijo convencido: Ve, ahí esta el mar, mire que lindo."
 
Y si me roban, y si me rompen todo, y si se instalan en la casa y no los puedo sacar más. Este tipo de preguntas son las que responde a sus potenciales socios, Claudio Polito, responsable en el país desde 2004 de Intervac Home Exchange. Su recomendación: usar el contrato modelo que figura en la base de datos, aunque aclara que la firma no se hace responsable por los posibles daños.
 
Y agrega: "Algunos hacen contratos de palabra, otros intervienen con abogados. Eso queda a criterio de cada uno. De todas formas, no suele haber problemas. Para los socios europeos es impensado tomar una casa ajena y no cubrir posibles daños", sostiene Polito, que con la crisis de 2001 y la suba del dólar pensó en alternativas para pasar las vacaciones en el exterior. Así hizo su primer trueque con Denver y desde entonces no paró.
 
Su ruta de viaje seguirá en Florianópolis y en Conil de la Frontera, en la casa de unos españoles que visitaron su departamento de Olivos el año pasado. Para 2012 tiene pendiente Los Cabos (México), en retribución a un socio que visitará nuestro país este año, y la casa de unos canadienses que estuvieron cuatro veces en su departamento.
 
Intervac, creada en 1953, hace unos 20.000 trueques anuales y en Europa tiene unos 10.000 asociados. En Estados Unidos el intercambio también es fuerte, y crece en Australia, Sudáfrica, Nueva Zelanda y Hong Kong. La situación en América latina es distinta, con un mercado reducido, pero en ascenso.
 
Un destino codiciado
 
¿Es posible acceder a una casona en la campiña francesa entregando a cambio un departamento porteño sin demasiadas pretensiones? Sí, porque el interés creciente por la Argentina lima todas las diferencias. Marcelo recibió invitaciones de Tokio, Venecia y Dinamarca, entre otros destinos, y rechazó muchos más ofrecimientos de los que aceptó. "Una vez me llamó un abogado neoyorkino que quería viajar sí o sí esa semana. Cuando vi su penthouse frente al Central Park me quería morir. Le dije que mi casa era chica, pero me respondió: No importa, quiero viajar ya. Lamentablemente, no pude coordinar algunas cosas y se frustró el trueque."
 
La falta de equivalencias entre los inmuebles locales y los europeos o estadounidenses preocupa a muchos argentinos que se acercan por primera vez al sistema. Pero Polito espanta fantasmas. Dice que esas diferencias no son un impedimento y que el 50 por ciento de los socios europeos y estadounidenses son retirados de 55 años o más, que realizan varios trueques por año, y suelen tener casas importantes. "Ellos priorizan la localización y la seguridad antes que el lujo del inmueble", explica.
 
Pero no es necesario irse tan lejos en el mapa. El canje interno también gana terreno. Silvana Straccio (de 38 años), separada y con dos hijos, concretó su primer intercambio con una simpática casa en Santa Clara del Mar. Con varios meses de antelación, hizo unos arreglos en su casa de Ushuaia, de casi 100 metros cuadrados y a orillas del Canal de Beagle para recibir a los visitantes como corresponde. También redactó un pequeño manual de recepción y una compañera de trabajo se encargó de entregar las llaves y dar las primeras indicaciones. "Empezamos a charlar sobre el intercambio varios meses antes de concretarlo para evitar malas experiencias. Todo fue muy positivo. Ya estoy en tratativas con dos familias de Entre Ríos, que quieren conocer mi ciudad", dice entusiasmada.
 
Para Martha McManamy, Buenos Aires fue el fin de un viaje que comenzó en septiembre último e incluyó España, Marruecos, Francia, Kenia, Guatemala y Perú, acompañada por sus hijos Evan (de 19 años), Conor y Laura (ambos de 14).
 
Martha asegura que no podría haber realizado el viaje sin recurrir al trueque. "Tenemos una familia amiga en la Argentina, pero su departamento es muy chico para todos nosotros. A Marcelo Polito no lo conocía. Lo contacté por primera vez en Bolivia por mail y enseguida nos pusimos de acuerdo", comenta en el departamento de Olivos, con vista al río.
 
Feliz con su primera vez en Buenos Aires, Martha tiene una casa muy amplia en Massachusetts y otra de ensueño a dos horas, que también ofrece a sus huéspedes.
 
Siempre con las valijas preparadas, Marcelo ya está planificando sus próximas escapadas. Lo seduce un departamento en San Francisco con vista al puente, pero su meta es Berlín. Por ahora, no se cruzó con asociados berlineses deseosos de visitar Buenos Aires. Pero está esperanzado con los que en su página exhiben la letra O (Open), es decir, aquellos socios que aún no decidieron su destino y están abiertos al mundo y a recibir propuestas. "Es cuestión de seducirlos", dice sonriente.
 
España en ascenso
Estibaliz Urrutia es una de las fundadoras de Intercambiodecasas.es, el portal español pionero de trueque de casas, lanzado en 2006. El grupo tiene registrados 50 países y 7800 miembros en todo el mundo, de los cuales 978 son españoles y un centenar argentinos. "Sabemos que la idea cada vez gusta más en la Argentina, uno de los destinos más demandados. En 2010 se realizaron unos 2000 intercambios a través de nuestro portal, de los cuales 150 tuvieron lugar en la Argentina", explica.
 
Urrutia afirma que según datos oficiales, de los 57,4 millones de turistas extranjeros que en 2010 viajaron a España, cerca de 12,4 millones (el 21%) se alojaron en viviendas gratuitas. Es decir, en casas propias, de familiares o amigos, incluidas las de trueque. "El intercambio de productos y servicios turísticos entre particulares sigue creciendo. Este tipo de trueques está cambiando las viejas reglas del mercado turístico. El llamado Turismo P2P (peer to peer), entre iguales o colegas, es lo que se viene", asegura.
 
por la hija
Cuando Florencia, una de las hijas de Luz y Juan Carlos Bornia, un matrimonio de Neuquén, se instaló en Francia, todo cambió para la pareja. Y la posibilidad de intercambio resultó una salida. El primer trueque fue en 2004, en Orléans, una zona de lujosos castillos y mansiones rodeados de jardines y bosques. "Nos esperaba un hermoso y céntrico departamento de dos plantas y muchas más cosas, incluida una heladera que, como bienvenida, tenía todo lo necesario para comer y beber. Además, nos dejaron folletería y hojas de ruta de la región", cuenta la pareja que, dos años más tarde, recibió a los franceses en su ciudad.
 
La segunda experiencia fue en Limoux, en el sur, una zona de viñedos cerca de los Pirineos orientales y del Mediterráneo. Esta vez, los esperaba una residencia antigua acondicionada a full, cómoda y bien ubicada, cuyos dueños ya están preparando su viaje a Neuquén para la próxima Navidad.
 
Cinco tips para intercambiar
 
No mentir para inflar las virtudes de la propiedad.
 

Responder a todos los contactos, aunque no nos interese el inmueble que nos ofrece.
 

Responder a los daños que su estadía pueda llegar a ocasionar.
 

Si tiene dudas, guarde bajo llave o en otra casa los objetos de valor afectivo o económico.
 

Dejar las casas en buen estado de conservación y limpias. Al entregarla, un lindo ramo de flores siempre es bien recibido.
 
 
 
 
 
 
 
 

El arte de cuidar.

El arte de cuidar.
 
La enfermería es una tarea imprescindible, que requiere una gran dedicación física y espiritual. Sin embargo, esta labor no tiene el reconocimiento que se merece. Cinco casos bien diferentes, unidos por la vocación de velar por los demás.
 
 
 
Ellas van, recorriendo pasillos, con los guantes puestos y la medicación justa; van, de cama en cama y de sala en sala, midiendo temperaturas y signos vitales; unos pacientes sufren por dolor; otros, por soledad. Todos las necesitan, las llaman, les agradecen o les gritan; se quejan, lloran, comen o duermen; ellas, a un costado, acompañan.
 
Ellas van, para que los enfermos puedan vivir o morir mejor. Ellas van, corriendo, tras el sonido del timbre. Al llegar, pueden encontrar una queja o la muerte: todo puede pasar en el día a día de la enfermera.
 
Una frase se repite en cada uno de los profesionales entrevistados: el médico cura, la enfermera cuida. Son imprescindibles porque "sin ellas no existiría el hospital", admitió un médico de larga carrera.
 
Sin embargo, su noble labor no es reconocida socialmente ni con un sueldo que compense la dedicación física y espiritual que demanda. Todo deriva en una cifra que alarma: en la Argentina hay diez médicos por cada enfermero con título universitario. En la ciudad de Buenos Aires el número trepa a 19 médicos por cada enfermero.
 
La preocupante estadística, que se mantiene desde 2010, surge de un trabajo realizado por los investigadores del Centro de Implementación de Políticas Públicas (Cippec) Daniel Maceira y Cintia Cejas (gracias a un subsidio de la Organización Mundial de la Salud, el único otorgado a un equipo de América latina), que analizó nuestro sistema sanitario. El mismo estudio rescata que en países como Canadá o España, la relación es inversa: hay más de cinco y tres enfermeros por cada médico, respectivamente.
 
El resultado es un desequilibrio que se traduce en más trabajo, más pacientes repartidos sobre menos hombros por el mismo sueldo. "Siempre faltan enfermeros", concuerdan los expertos, y aseguran que es necesario incrementar la cantidad y revertir la tendencia vigente de un exceso de médicos por sobre las restantes profesiones de la salud.
 
LNR las escucha a ellas, casi siempre ensombrecidas por la figura del médico. A su vez, se incluye el testimonio de un hombre, joven estudiante de Enfermería, que da sus primeros pasos en una carrera históricamente femenina. Historias de vidas muy distintas, que se acercan a la misma meta: todos son profesionales en el arte de cuidar.
 
Josefina Werner
Un Angel para los chicos
A las 5.15 suena el despertador de Josefina Werner. En menos de dos horas deberá atravesar el contaminado centro de la ciudad de Buenos Aires para llegar al ambiente más aséptico del Hospital Garrahan: la Unidad de Trasplante de Médula Osea. Allí, las ventanas están selladas y el aire se purifica a través de filtros; hay un sistema de lavado de manos antes de ingresar y otro de doble puerta previo a pisar la sala esterilizada. Son siete las camas y tres las enfermeras por turno que atienden a los pacientes de hasta 18 años que ven en esta operación de altísimo riesgo la única opción de ganarle la pulseada a la muerte que amenaza desde distintas enfermedades, en la mayoría de los casos, cáncer.
 
Son pequeños a los que les espera una lucha gigante. Sufrirán un dolor agudo y persistente, ya que se los induce a un estado de cero defensas antes del trasplante y, también, vivirán algo desconocido: la aislación total. Serán días, semanas y meses de estar lejos de sus familias -sólo un pariente puede acompañarlos e ingresar a intervalos fijos-, de sus amigos de colegio, de todo el mundo exterior que simboliza un peligro para ellos.
 
Pero ahí, durante el mes o los seis meses que dure el tratamiento, estará ella. Josefina es muy delgada, ágil y sonriente; su pelo rubio y largo más sus ojos de un celeste transparente le infunden un aura angelical. Hoy no viste el uniforme reglamentario, sino una camisa blanca con flores cosidas y unos jeans. Mientras juega con la lengüeta de su sandalia, recostada en el sillón del living de su casa en La Horqueta, reflexiona: "A veces pienso en lo poco que se entiende nuestro trabajo. No es sólo preparar las pastillitas o dar una inyección. Son tantas cosas las que uno necesita al estar internado. Necesidades básicas de dolor, de higiene, de respirar, de miedo. El estado de enfermedad es muy real, muy honesto, muy profundo. No hay mucha careta cuando estás así".
 
Su trabajo en la Unidad de Trasplante es quizás uno de los más exigentes para una enfermera, porque no puede distraerse ni un segundo; hay hemorragias constantes y el paciente sin capas, como se lo llama por no tener defensas, en cierto momento del tratamiento necesita asistencia para todo: comer, tragar, ir al baño, hasta para respirar. Se los tiene como en una caja de cristal.
 
"Ahora tenemos a una chiquita que hace más de 130 días está encerrada -detalla Josefina, que tiene 30 años, pero aparenta muchos menos-. Soy la única conexión con el exterior. Trato de salir a correr y hacer actividades para llevar aire fresco al volver."
 
Al hablar mueve en círculos sus manos blancas y desnudas de anillos y pulseras. "Los chicos son muy dóciles si lográs que confíen en vos; son chiquitos, pero de alguna forma fueron obligados a crecer rápido por la enfermedad. Hay que hablarles con honestidad -destaca Werner, que hace más de cuatro años trabaja en la Unidad de Trasplante-. Los menores de 8 años no sufren tanto el aislamiento. Sí sufren no poder correr y jugar. Están todo el día durmiendo porque se sienten mal, muy mal. No pueden tragar, el tracto gastrointestinal se altera completamente con la quimioterapia y las bocas quedan llagadas, inflamadas."
 
Josefina ya era licenciada en Enfermería cuando su madre enfermó de cáncer de pleura. Durante todo un año ella fue quien le aplicó la morfina y la cuidó cada día al volver del hospital hasta el día de su muerte. "Trabajaba en el turno noche del Garrahan y después volvía a casa para atender a mamá. Estaba todo el día despierta. Le hice un tratamiento en casa. Quería estar cerca. Fue el privilegio más grande", dice con la voz quebrada y una sonrisa valiente, empañada por sus lágrimas.
 
"Siempre fui de querer cuidar; eso lo heredé de mi mamá. Esta carrera está cortada a mi medida. Me siento plena en esta profesión. Me encanta ir a trabajar. Vivo muerta, cansada, pero al mismo tiempo me encanta el trabajo", asegura la enfermera, recibida en la Universidad Austral, de delicados rasgos, que en pocas horas volverá a sus pacientes, pequeños y frágiles.
 
Eduardo Dueñas
Bendito tú eres
"Hice más en un año de enfermerIa que en tres de medicina"
 
Al principio se lo contó como un chiste; quería ver su reacción. No iba a ser tan fácil que su padre aceptara el cambio de carrera: de Medicina a Enfermería. Eduardo Dueñas tiene 26 años y tuvo que soportar varios chistes y romper varios prejuicios hasta llegar a su vocación, la Enfermería. Primero, el de ser hombre en una carrera unida en el imaginario colectivo a la figura femenina; segundo, el de una profesión que no encuentra el reconocimiento que merece ni social ni monetariamente.
 
"No importa lo que digan los demás. Encontré una profesión con muchísimo valor, que está a la par de Medicina, Ingeniería y Abogacía. Y yo sé que se requiere de una persona muy fuerte y empática para estar genuinamente con personas enfermas que no son familiares. Al final del día todos son familiares", destaca Dueñas, mientras su novia de 21 años, Ayelén Corradi, también estudiante de Enfermería, lo mira con admiración.
 
Hoy, tanto su madre, abogada, como su padre, economista, observan su esfuerzo y comprenden un poco más el mundo de la enfermería a través del sacrificio y la entrega de su hijo.
 
"La gente cree que no requiere conocimientos y pensaban que para mí sería un trámite. La verdad es que Enfermería requiere de mucho estudio, porque no sirve de nada hacer los procedimientos si no sabés por qué o cuáles son las consecuencias de los mismos", expone Eduardo, desde su departamento del barrio de Caballito.
 
Vos estás para otra cosa. Para algo más. Sos más inteligente, le decían a Ayelén cuando se anotó en Enfermería, luego de abandonar Medicina. Ella estaba en el Ciclo Básico Común (CBC) cuando se pasó a Enfermería; en cambio, Eduardo ya había cursado tres años para convertirse en médico en la Universidad Favaloro.
 
"Noté un gran cambio cuando empecé a estudiar Enfermería; más que nada en la gente. Acá todos tienen historias, en Medicina no es así. Aprendí a manejarme con las personas. Hice más en este año de enfermería que en los tres de medicina", compara Eduardo, que cursa el segundo año de la carrera, donde además de estudiar la teoría, a los pocos días de comenzar, estaba cuidando a pacientes del Hospital Británico.
 
Sus miradas se encontraron en el segundo día de clases y al poco tiempo ya estaban de novios. Vistos de cerca, parecen hermanos. Tanto la manera de hablar como los gestos y el tono de voz compasivo que adoptan cuando nombran algún paciente son similares, casi idénticos. "Somos iguales. Al toque hubo esa conexión. Somos artistas: él es músico y yo, pinto", define Ayelén.
 
"Bañar a alguien es algo muy poderoso", describe el estudiante de Enfermería que guarda en su memoria bien fresco el recuerdo del primer baño que tuvo que dar. Era una mujer inmóvil de unos 89 años, que se disculpaba constantemente por necesitar esos cuidados. "Estaba lúcida. Le lavé los ojos muy despacio. Era la primera paciente y estaba nervioso. Al otro día cuando pasé por su cama ya no estaba, se había muerto", se lamenta Eduardo, y agrega que lo más difícil de su profesión es no involucrarse tanto.
 
"Yo había atendido a un paciente por un tiempo. Después se lo pasaron a él y se le murió -cuenta Ayelén y se queda pensativa. Se detiene en eso de decir se le murió-. Es como que es propio, ¿no? Y eso no está bien."
 
Desde un cómodo sofá, Eduardo analiza por qué no hay más jóvenes estudiando Enfermería: "No les gusta la idea de recoger materia fecal, orina y bañar a un paciente. Se creen que es sólo eso. No es así. Además, no está bien pago ni bien visto socialmente."
 
Doreen Florence Dover
Un símbolo de la profesión
"Hasta los azulejos temblaban cuando pasaba", recuerda una de las enfermeras que trabajó bajo la mirada siempre alerta de Doreen Florence Dover, la directora de Enfermería del Hospital Británico durante 29 años. Y Doreen pasaba todos los días. "Me tenían, debo admitirlo, mucho respeto. Nunca llegué cinco minutos tarde al trabajo", dice Doreen, que fue condecorada en 1994 por la corona británica por sus años de ejercicio profesional en beneficio de la comunidad.
 
Su recorrido por las 235 camas del hospital duraba alrededor de cuatro horas, porque se detenía en cada paciente para hacerle la misma pregunta: ¿Cómo se siente hoy? "Hablaba con cada uno de ellos para escuchar sus historias y también sus quejas", comenta la enfermera jubilada, en su elegante departamento en Olivos. Luce una camisa de seda escocesa con los puños y el cuello blancos y una pollera azul que le llega hasta sus finos tobillos. Aún hoy, cerca de cumplir 80 y retirada de sus funciones desde hace una década, sigue ayudando a la comunidad a partir de diferentes actividades, como la venta de galletas, de ropa y muebles para recaudar dinero.
 
Su padre, un químico destacado, partió de Inglaterra y se instaló en Santa Elena, Entre Ríos, contratado por el frigorífico Establecimientos Argentinos de Bovril. Allí, en una elegante casa, donde se respiraba el aire de una campiña británica, pasó una infancia feliz junto a su hermana gemela Margaret.
 
La decisión de convertirse en enfermera llegó de repente. Hoy no recuerda la razón exacta. En aquel entonces, 1950, no era tan extraño que una señorita de clase media alta demostrara semejante inclinación. "Había chicas del sur, hijas de galeses. Eramos todas de habla inglesa. Con el paso del tiempo, esa exigencia se fue perdiendo porque no venían enfermeras a postularse", se lamenta Doreen que inició sus estudios en la escuela de enfermería del Hospital Británico, una de las más antiguas del país y que sigue los lineamientos de la mítica Florence Nightingale.
 
"Mañana estás en casa", le dijo su madre en tono desafiante cuando vio el cuarto en donde la adolescente Doreen iba a dormir en sus próximos años de estudio. "Pero no fue así para nada", dice, y busca su objeto más preciado: una impoluta cofia blanca de organza, que despide olor a naftalina, pero que despierta en su memoria el consejo que le dieron al mismo tiempo que esa simbólica cofia. Nunca cierres la puerta de tu despacho, así siempre irán a confiarte sus problemas, le recomendó su precursora. "Y así fue -destaca-, la puerta de mi despacho siempre estuvo abierta para quien quisiera cruzarla."
 
En su época como directora lo conoció al príncipe Carlos. "Vino de visita al hospital y tomó el té con diez enfermeras de habla inglesa. Después, lo lleve a la sala a hablar con un paciente", recuerda.
 
Para esta mujer de 79 años, considerada en el Hospital Británico como todo un símbolo de la profesión, lo imprescindible en una persona que está por convertirse en enfermera es la honestidad. "Es lo más importante, porque una está manejando medicamentos. Si uno dice que dio una inyección y no la dio... También tiene que ser confidente. A veces escuchaba a las chicas hablar en colectivos de los pacientes y no se debe hacer eso. No son temas para hablar en un té", aconseja Doreen, a quien le cuesta aceptar los cambios que se van dando con el paso del tiempo dentro del hospital, como la simplificación del uniforme de la enfermera. "Ahora, la matron (la directora de enfermeras) no usa cofia. Es administrativa. Una lástima. Me acuerdo de los médicos ingleses que venían y me decían nunca cambien el uniforme. A mí me parecía muy digno", defiende Doreen, con la vista fija en la foto que la retrata uniformada en azul marino y blanco en sus años de líder.
 
Casi medio siglo, 48 años, vivió entre las paredes del Hospital Británico, en la Casa de las Enfermeras junto con sus colegas. Recién la abandonó cuando se casó, al cumplir 40. Su marido, que falleció hace pocos años, le había sugerido que dejara de trabajar, pero ella permaneció en su puesto hasta los 68. "Es tan lindo ayudar al prójimo. Siempre lo digo, porque la gente a veces se puede olvidar."
 
Nora Saldivia y Gladys Del Valle
Amigas en emergencias
"Sentimos la sirena"
 
Sentadas frente a frente en una atestada pizzería de Vicente López de acústica agresiva, Nora Saldivia y Gladys del Valle no necesitan elevar la voz para entenderse. Luego de casi veinte años de trabajar codo a codo en el Hospital Municipal Houssay, dentro de las paredes blancas de la guardia de emergencias donde la vida o la muerte se decide en segundos, aprendieron que a veces las palabras sobran y los gestos salvan.
 
"Era mirarnos y saber", asegura Gladys, de 48 años, con voz suave y ronca, mientras exhala el humo de su cigarrillo. La mamá de Gladys no llegó a terminar el tercer grado y trabajaba de mucama; ella también lo hizo durante un tiempo en un psiquiátrico, pero ahí se dio cuenta de que quería más de la vida; quería perseguir el sueño y ponerse el uniforme que imaginaba cuando era chica: el de enfermera. "A los 8 años ya lo sabía. En mi colegio era la encargada del botiquín, con el brazalete que tenía dibujado la cruz roja", recuerda.
 
Su amiga o su hermana mayor, como la llama Gladys, es Nora, de 54 años. Nora también comenzó trabajando como mucama en un hospital; limpiar tubos, fregar los pisos y hacer las camas era su rutina hasta que levantó la mirada y empezó a observar a las mujeres de uniforme que cuidaban a los enfermos y quiso ser como ellas.
 
En la escuela de la Cruz Roja les enseñaron el ejercicio de la enfermería; en la guardia del hospital Vicente López lo aprendieron.
 
"Te llega todo en crudo, tal cual lo levantan de la calle, del agua, debajo de un auto, quemado, caído de altura o de un accidente de moto sin casco. Llegan las peleas entre barras que a veces la siguen en el hospital o también entre personas alcoholizadas que de tanto tomar no se reconocen entre sí", enumera Nora.
 
Fue allí que comenzaron a sentir la sirena. "La adrenalina de la guardia es lo que hace que después de todo un día termines hecha bolsa y al siguiente vuelvas con energía", explica Nora. "Lo que te da la emergencia no te lo da nada ni nadie", la interrumpe Gladys.
 
Llevan el pelo rubio, al borde del platinado, y se tratan con una familiaridad de las que se adquiere con los años. Poseen un humor que no nace sólo de la confianza; tiene que ver con su manera de lidiar con la enfermedad y la muerte. "Tenemos un sentido del humor muy especial, muy negro; es por estar tanto tiempo codeándote con la muerte, se da como un bloqueo. Es entre nosotras; no nos reímos de un tercero", aclara Gladys.
 
Las anécdotas y los casos que suman en sus 18 años de trabajo en conjunto son muchos. La chica que se colgó porque la mamá le decía gorda; la mujer que se tiró debajo del tren porque su marido la engañaba y perdió un brazo y una pierna en las vías; el paciente que se paseaba desnudo por el buffet. Están las curiosas, hasta cómicas, y las que ensombrecen su cara de golpe y por largo rato, como cuando tuvieron que atender a un compañero suyo que llegó a la guardia junto a la persona que le había disparado. "Por ejemplo, ante un chico que llega quemado tengo que bloquearme. No puedo pensar que es una criatura. En ese momento, no puedo pensar. Lo dejo para después", insiste Gladys.
 
"Somos la segunda promoción de enfermeras legistas de la Argentina", informa Gladys, y explica que esta especialización les permite actuar como peritos en los juicios en que se debe dilucidar si el enfermero procedió dentro de los límites legales del ejercicio de su profesión.
 
"No ejercemos, pero nos permite aconsejar a compañeros. Muchos pierden sus matrículas por hacer más de lo que pueden. Hay un enfermero del Pirovano que perdió la matrícula y su casa. Llegó un paciente con un paro cardíaco en la madrugada. El médico estaba durmiendo, como siempre. El que te dice que el médico no duerme a la noche te miente. Entonces, él lo intubó, cosa que nosotras sabemos pero no debemos hacer, y se murió. Hubiera fallecido de cualquier manera, pero la familia le inició juicio. Se corta el hilo por lo más fino", se explaya Gladys.
 
Otro de los fantasmas que acechan la legalidad de la vida hospitalaria es la adicción a los fármacos de los trabajadores de la salud. "Y sí, existe" -confirma Nora-. Ni se te ocurra preguntar porque lo van a negar. Algunos se arrodillan para pedirte por favor un diazepam, lo necesito."
 
Según Gladys, que asiente ante cada palabra de su compañera: "Te das cuenta por las actitudes; te roban medicación. Un día te falta una morfina; al otro día te vuelve a faltar. De repente, cuando se ausenta un enfermero no te falta nada. Ahí sabés que es él", resuelve Gladys, que en una oportunidad tuvo que hablar con las autoridades porque las miraban a ellas como sospechosas. En esa oportunidad también fueron juntas a enfrentar el problema.
 
Hace más de un año, Gladys se despidió de la guardia y de su compañera. Ahora trabaja en el Sanatorio Anchorena. "Extraño sentir la sirena", le dice a Nora, que la mira y la entiende al instante.
 
Candelaria Lanusse
Entrega sin fronteras
El primer día se sintió una hormiga blanca. Era el año 2004 y acababa de aterrizar en Calcuta donde, respondiendo a una corazonada, se ofreció como voluntaria. Se encontró en una ciudad enloquecida, un enjambre de gente que la miraba y la señalaba. Agobiada por el calor y la pérdida de su equipaje en el vuelo, a Candelaria Lanusse la recorrió un escalofrío que no llegó a convertirse en pánico y que en sólo tres meses se transformó en la certeza de una nueva vida.
 
"Se convierte en un vicio hacer algo en lo que te sentís útil; algo que valga la pena", dice la enfermera, de 33 años, recibida en la Universidad Austral, que acaba de regresar de Níger, uno de los países más pobres del mundo, donde atendió una emergencia de malaria como parte de un proyecto de Médicos Sin Fronteras (MSF), donde trabaja desde 2006.
 
Desde chica, la impresionaba la sangre. El test vocacional la situó en Abogacía, aunque ella estudió durante tres años Psicopedagogía. No era nada fácil prever que llegaría a ser una apasionada enfermera sin fronteras. De una epidemia de cólera en Zimbabwe a otra en Zambia, de una crisis nutricional en República Centroafricana u otra en Yemen, de un brote de meningitis en Níger a uno de malaria. La malnutrición infantil es la problemática que más la atrae.
 
"Son proyectos duros y, a la vez, increíbles. Se dan, por ejemplo, si el año anterior hubo una cosecha muy mala por la sequía, y se le suma el lapso que en muchos países africanos se llama período de hambre. En ese momento es aún más difícil conseguir comida. Pasó cuando fuimos a Etiopía. Fue poner un pie ahí y no dudarlo: nos quedamos", resume.
 
Al llegar, lo principal es medir la malnutrición en los chicos, que puede ser de dos tipos: el marásmico, que es el flaquito de piel y huesos, y el que en vez de perder peso desarrolla edemas y se hincha como un globo. "En este caso, empieza en los pies y va subiendo. Si no los tratás bien, es una bombita de tiempo. Los ves y parecen gorditos, pero es pura agua", describe.
 
El día que se levantó el primer centro de salud se internaron 180 pacientes, todos malnutridos severos con complicaciones, a quienes se les daba leche cada tres horas y, luego, cuando evolucionaban, pasta de maní. "Era muy raro, porque estábamos atendiendo a chicos malnutridos rodeados de cultivos que crecían verdes y altos. Es una zona muy fértil, pero eso sólo se cosechaba al año siguiente", advierte.
 
Su primer desafío dentro de MSF llegó con el primer destino en una zona caliente: República Centroafricana. El conflicto bélico en el norte entre grupos rebeldes y oficiales dificultaba el acceso a los centros de salud para la población. "El objetivo era darle acceso a la salud a las víctimas del conflicto y a los que no tenían nada que ver; atendíamos a todos sin importar de qué bando eran. Pusimos clínicas móviles para las personas que estaban alejadas", destaca Lanusse, mientras se acomoda en la silla de un bar de San Isidro, donde creció y sigue volviendo para visitar a su familia.
 
Levantar una tienda gigante y blanca donde antes había polvo o selva a modo de centro de atención de cólera, improvisar una clínica con carpas y lonas de plástico para controlar la malaria, palpar las crisis, epidemias, emergencias, los brotes, hacerle frente a la subnutrición, al desastre en los rincones olvidados del mundo. Esa es la tarea del enfermero expatriado. "Nuestro rol es importante, pero no existe sin el del enfermero nacional. El expatriado tiene experiencia y capacidad de gestión, pero nosotros seremos cinco que llegan y ellos cientos. Ellos hacen el trabajo duro", elogia Lanusse, que trabajó en la Unidad de Emergencia, el grupo de personas que está todo el tiempo a la espera de una llamada para salir disparados, cuando sea necesario, hacia remotos destinos.
 
La humildad es palpable en cada una de sus palabras. Una cualidad aprendida quizás en su larga estadía junto a las Misioneras de la Caridad en Calcuta, donde comenzó fregando pisos hasta que la monja que estaba a cargo la fue conociendo más y le encomendó tareas más específicas, propias de una enfermera.
 
"Mucha gente me pregunta por qué no lo hago acá, en la Argentina. A mí me gusta el tipo de trabajo de emergencia que se hace en MSF y, como me encanta viajar, siento que combino ambas cosas. Para irme al interior tengo toda la vida; para hacer esto, no."