Buenos Aires, 3 de marzo de 2012 - ¿Dónde estamos? ¿Dónde estamos y cómo estamos? ¿Con qué palabras nos entendemos o con qué palabras nos confundimos?
Algunos rasgos que percibo en la atmósfera de nuestra Argentina cotidiana indican que la mayor parte de ellos provienen, hay que decirlo, del poder político. Y en un país, donde el poder político, específicamente la conducción presidencial, tiene un peso específico tan notable, tan brutal, tan descomunal como es la Argentina, es casi lógico, es una suerte de conclusión inevitable decir que escuchar cómo se habla desde el Gobierno y cuál es la relación entre los hechos y sus palabras, es una manera de radiografiar a la Argentina.
Hay, por de pronto, y acaba de demostrarse una vez más, pero ya se ha hecho poco menos que consuetudinario, vale decir, un hecho de la costumbre cotidiana, un manoseo y un destrato de la verdad tal y como surge de los hechos. Un solo elemento, un solo ejemplo, un solo caso: la Presidenta homenajea, con un parlamento puesto de pie, al ex juez Baltasar Garzón diciendo que fue sancionado por querer investigar al franquismo, eso no es cierto. El ex juez Baltasar Garzón fue destituido, puede ser esto materia opinable, pero, la verdad, fue por haber ordenado escuchas ilegales en una conversación entre imputados por una trama de corrupción política, y sus abogados defensores. Nada más grave, nada más delicado que violar el derecho a la defensa. No fue destituido por investigar al franquismo. En la causa por pretender investigar al franquismo, Garzón quedó ciertamente libre de culpa, y aún cuando el tribunal supremo español lo criticó por su intento de hacerse de la causa, no llegó a inculparlo. ¿Cómo la Presidenta, que dice ser abogada y dice conocer tanto estas cosas, no mencionó este hecho?
Si hablamos de espionaje ilegal, o supuestamente ilegal, esa fue la razón por la que fue destituido en la Argentina el entonces juez Juan José Galeano, en una causa infinitamente menos grave. El Dr. Galeano había mandado a grabar declaraciones de una persona visiblemente peligrosa que tenía muchas cosas para ocultar, pero no una conversación entre abogados defensores e imputados. Esto lo ignoró la Presidenta.
Pero si esto les parece demasiado abstracto, hay además una permanente alteración de los hechos, como el número de policías en el subte por ejemplo. Dice la Presidenta que son 240, mientras que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires informa que son casi 1.200, cifra poco menos que incuestionable.
Hay imprecisiones, una manera tan incierta y tan poco precisa, valga la redundancia, de aludir a los hechos, que a menudo la propia Presidenta, se ve obligada a auto desmentirse, a corregirse, a rectificarse. Todo esto sin entrar en la temática puramente emocional o puramente personal, en la que no quiero entrar. Si ella dice que no sabe si quiere, puede y vale la pena seguir como Presidenta, es un tema que va a tener que explicar, pero no es el motivo del editorial de hoy.
Hay, además, en el poder político argentino, en su conducción presidencial, una formidable tendencia al comentario periodístico. Un presidente de la Nación es elegido para conducir y ejecutar hechos, no para comentar la realidad. Esta es tarea nuestra, de los periodistas. Comentar, interpretar, hacer la crónica, trazar conclusiones, preguntarse qué está sucediendo es nuestra tarea. No fui elegido como presidente, no tengo un mandato constitucional.
Este reemplazo, esta confusión entre el comentario, que algunos inclusive dicen que es hasta asombrosamente chato, poco menos que el de una vecina de barrio, y la ejecución presidencial son muy llamativos.
Otro elemento que observo en la agenda cotidiana de la conducción presidencial es la permanente y constante tendencia a achacar a otros las responsabilidades propias. Hablar de "herencias", a casi nueve años de conducción incuestionada e incuestionable, comienza a parecerse a una agresión a la verdad, a un ataque, inclusive, a la inteligencia del pueblo.
El gobierno de la Alianza, que fue un gobierno abortado y fracasado, ¡duró dos años! El actual lleva nueve años; sencillamente, hagan ustedes los cálculos. ¿Qué irresponsabilidades pueden achacarse a las cosas que se hicieron? Y el anterior al de la Alianza, el gobierno del presidente Carlos Menem, contó con el firme y fervoroso apoyo de los entonces dueños de Santa Cruz, hasta por lo menos 1996.
Hay, además, a la hora de los inventarios, a la hora de los análisis, a la hora de detallar qué es lo que caracteriza a este Gobierno y al actual momento argentino, una impresionante adicción (no puedo llamarla de otra manera) a la improvisación. Sacamos a la Policía Federal del subte y ahora la restituimos por 30 días, ¿éstas son políticas de Estado? ¿Ésta es una manera seria, articulada, ponderada, respetuosa de la gente?
En ese punto, hay que decir que a veces, uno tiene la sensación de que la clase dirigente argentina, como suele decirse en la calle, en un "tupper". "Tupper" es un envase de plástico, cerrado que permite guardar comida en un freezer. Había que ver lo que era Buenos Aires el día primero de marzo, una ciudad paralizada después del absurdo feriado (invento de los socialistas), del lunes pasado, para advertir hasta qué punto la conducción está separada de la vida cotidiana, en un "tupper".
Y para terminar, los volantazos. Vale decir, voy para aquí, voy para allá. Hago una pregunta: la Argentina mantuvo durante cuatro años acéfala su embajada en Londres, ¿qué pasó de nuevo para que ahora se designara a una embajadora? Fue un gran gesto, un positivo gesto, aplaudo al Gobierno, más allá de que Alicia Castro sea una embajadora política, y que no se sepa hasta qué punto habla inglés, más allá de preguntar "chicken or pasta?", como dicen las azafatas. Ahora, ¿se designa una embajadora y a renglón seguido se declara un boicot a los productos británicos? ¿Alguien puede explicarme desde la racionalidad cómo se pasa desde designar una embajadora, tras cuatro años de acefalía, a un boicot, y del boicot a pedir tres vuelos semanales a las Islas Malvinas?
Bien, estos son algunos datos como para ir entrando en calor, como para ir conociéndonos, como para ir, de alguna manera, confiándonos las sensaciones y los sentimientos que tenemos, que son en muchos casos de pena, en otros de indignación y en otros, sencillamente, de incomprensión. Y cuando las políticas de un gobierno comienzan a no ser comprendidas por la sociedad, señores, entonces, lamentablemente es porque se acerca la hora de la puesta del sol.
©pepeeliaschev
Emitido en Radio Mitre