martes, 8 de mayo de 2012

Darle a María la posibilidad de escuchar.

Darle a María la posibilidad de escuchar.
 
Por Marcos Puiggari. 
 
 
 
 
Nuestra hija María, nació con una hipoacusia, severa, profunda y bilateral, y con una malformación en el cerebelo, diagnosticada Variante de Dandy Walker. Detectamos que no oía bien, en el día a día, y después de haberle hecho varios estudios auditivos.
 
Fuimos a varios médicos, y terminamos viendo por último, al doctor Diamante.
 
Hicimos varias pruebas antes de operarla, y enseguida empezamos con kinesiología en el Hospital Austral, además de ir al Colegio Las Lomas Oral.
 
Después de hacerle muchos estudios, descubrimos que María había nacido sin nervios auditivos. El doctor Diamante nos propuso la posibilidad de hacerle un implante de tronco cerebral. Obviamente, esto no fue nada fácil de digerir ni de decidir, ya que esta compleja operación consistía en, básicamente, reemplazar al nervio auditivo, por un nervio artificial, el cual, debiera darle a María, la posibilidad de poder oír.
 
La operación debía ser hecha por un especialista de Italia, ya que supuestamente era el mejor en la materia. Para eso, debía viajar especialmente de Italia para hacer la operación, o en su defecto, viajar nosotros para allá.
 
La posibilidad de viajar, era complicada, por los costos que esto acarreaba, pero principalmente por el hecho de dejar a nuestras dos hijas más acá en Buenos Aires, y estar allá al menos 3 semanas o quizás más.
 
En el ínterin, nos pusimos a hacer todos los pedidos previos para hacer la operación acá, pero el Estado, a través de ANMAT, nos dijo que no nos autorizaban a importar las prótesis, sin dar ninguna aclaración. La negativa, fue bastante informal, cosa que nos decidió a llevar adelante un recurso de amparo, que hicimos a través de la Red de Asistencia Legal y Social (RALS).
 
Por suerte, el recurso de amparo fue ganado rápidamente en unos dos meses, y el cirujano de Italia pudo viajar a Buenos Aires y llevar adelante la operación que duró alrededor de 8 horas y media.
 
Si bien después surgieron algunas complicaciones inesperadas, la historia tiene un final feliz. Al principio nos costó esperar a María que escuchase, pero lo hizo, y ahora, estamos esperando a que hable, y está avanzando en eso también.
 
Hoy estamos, en manos de un equipo médico extraordinario, para que María progrese día a día, y pueda algún día, tener una calidad de vida similar a la de la mayoría de los oyentes.
 
Por otro lado, estamos en un establecimiento como el Colegio Las Lomas Oral, que es excelente, no solo por su labor profesional, sino además, por su calidad humana. Aconsejados por ellos, María también está yendo a una neurolingüista, que le enseña a mover adecuadamente los músculos de la cara para poder hablar.
 
Por último, solo queda esperar a que la calidad de vida María siga mejorando día a día, y trabajar para que cualquier persona que se tope con alguna dificultad como la que tuvimos nosotros, pueda asesorase bien, desde un punto de vista humano y profesional, como para poder resolver cualquier dificultad que ponga en jaque sus derechos y límite el desarrollo de una vida plena.

Personas reales, con derechos y obligaciones.

Personas reales, con derechos y obligaciones.
 
Por Liliana Pantano.
 
 
 
 
La Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con discapacidad (Naciones Unidas, 2006) es un documento que impulsa en todo el mundo un cambio positivo en relación a estas personas y a la sociedad. Interpreta que la discapacidad se funda en una deficiencia -"física, mental, intelectual o sensorial a largo plazo"- y se constituye en interacción con los obstáculos que ofrece el contexto, ya sean materiales o inmateriales. Resumidamente, sostiene que en lugar de interrogar sobre qué le falta o qué no puede hacer una persona con deficiencia, debe ponerse el acento en lograr una sociedad para todos, equitativa y accesible, para que a esa persona no se le restrinja su participación en igualdad de condiciones con los demás.
 
Se trata de pensar en la persona con discapacidad como ciudadano pleno, con todos los derechos y con todas las obligaciones que le son inherentes.
 
Actualmente, se trabaja en diferentes ámbitos para hacer que el discurso de la Convención se torne en buenas prácticas y el cambio sea efectivo. Pero todavía falta mucho trecho por recorrer. Falta reconocer que la discapacidad es diversa y que no todos necesitan lo mismo o se ven perjudicados por los mismos obstáculos. Falta entender que estas personas no tienen ?necesidades especiales' sino las mismas necesidades que cualquiera, moldeadas por su situación específica. Falta aclarar que no tienen ?capacidades diferentes' sino ciertas limitaciones que se manifiestan cuando no están disponibles los apoyos, las adaptaciones o lo ajustes que requieren. Falta que las propias personas con discapacidad ?se sientan' con derechos y puedan ejercerlos. Falta que sus familias no empeñen su vida en luchar contra la discriminación o alcanzar lo que les corresponde. Falta que la autonomía a la que se aspira se gestione desde la cuna evitando la sobreprotección o la segregación. Pero cada vez se entiende mejor lo que se debe entender: que estamos hablando de personas reales y del ejercicio de sus derechos y obligaciones. Estamos en tránsito. No hay que perder la meta y hay que profundizar la lucha. A todas luces, vale la pena.

Personas con discapacidad que estudian, trabajan y hacen valer sus derechos para conseguir insertarse socialmente.

Por una vida plena.
 
Ser uno más del montón.
 
     
Por Micaela Urdinez. 
 
 
 
 
En una sociedad poco acostumbrada a lo diferente, ellos dicen presente y hacen valer sus derechos. Estudian, trabajan, son ciudadanos, votan y circulan por la ciudad demostrando que sus diferencias no son más marcadas que las del resto de los mortales. Es cierto que tienen alguna limitación física, pero que compensada con entusiasmo, energía y convicción hace que nada sea imposible si dejan el corazón en conseguirlo.
 
Gracias a casos como los suyos, día a día las personas con discapacidad se van amalgamando con mayor naturalidad al zoológico social, se incorporan como una población más a la que hay que asistir de las herramientas necesarias para que puedan llevar una vida plena.
 
Sin embargo, todavía queda mucho por hacer para mejorar el presente y el futuro de las 5.114.190 personas con discapacidad que viven en el país viviendo en el país (12,9% de la población) según datos del último censo 2010. Porque las cifras disponibles señalan que todavía el 4,7% está desocupado y el 68,4% inactivo; que el 38,4% no tiene cobertura por obra social y/o plan de salud privada o mutual y que sólo el 17,8% tiene estudios secundarios.
 

"Yo soy discapacitada porque la gente me ve así y no porque yo me sienta así. Por eso creo que la discapacidad es un tema más social que físico porque yo no me siento diferente y todo lo que quise hace lo pude hacer. Necesitás que te den la posibilidad de que te conozcan. Es una barrera que se levanta hasta que te conocen y ahí se derrumba porque se rompen los prejuicios", afirma Karina Dicono, de 30 años, en las oficinas de Adecco en donde actualmente trabaja como Analista de Selección. Tiene una sonrisa cálida, espontánea y mientras habla su mirada transmite una mezcla de dulzura y seguridad.
 
Karina nació a los 6 meses con una focomelia congénita que trajo como consecuencia que hoy en día sólo tenga su mano derecha. Eso no le impidió tener la misma vida que el resto de sus amigos: fue a una escuela primaria pública y a una secundaria privada que transcurrió sin sobresaltos. "Nunca tuve ningún problema en el colegio, ni viví ninguna situación traumática o de discriminación a raíz de mi discapacidad. Igual siempre que entrás en un grupo nuevo prefiero que me pregunten qué me pasó a que me estén mirando. Por eso para evitar ese mal momento, en cuanto ingreso a un grupo yo los encaro y les cuento, y hasta hago chistes. Soy la primera que asume que tiene una discapacidad. Yo creo que es fundamental convivir todos con sus particularidades para vencer los miedos porque cuando la gente no conoce algo, lo margina", cuenta Karina, que vive en villa del Parque con sus padres, y está en 4to año de Recursos Humanos en la UCES. "Estoy muy contenta porque es una mezcla de contenidos blandos y números", resume.
 

Su tránsito por el mundo laboral comenzó a los 20 años en los comercios del barrio como locutorios o quioscos, a los que siempre llegaba por recomendación de algún familiar, vecino o conocido. Más tarde ingresó como cadeta administrativa en la Fundación Rumbos -dedicada a la accesibilidad de personas con discapacidad- en la que después se desempeñó como asistente.
 
Después de estar unos meses sin trabajo en el 2010, Karina se enteró de la Bolsa de Empleo para Personas con Discapacidad del Ministerio de Trabajo y se anotó. Actualmente son 8000 las personas inscriptas, con perfiles muy variados, y 2000 los que lograron una inserción en el mercado formal de trabajo, ya sea a través de colocaciones formales en el empleo público y privado, como dirigiendo sus propios emprendimientos. En relación al sector privado, si bien han participado unas 230 empresas en programas específicos contratando personas con discapacidad, son aún más aquellas las que confían en el este Servicio de Empleo seleccionando candidatos para su ingreso.
 
Gigante fue el asombro de Karina cuando tan sólo 2 días después de su inscripción la llamaron desde la Oficina de Empleo para hacerle una entrevista y preguntarle qué perfil de trabajo estaba buscando. "Enseguida me dijeron que había una propuesta, me hicieron otras entrevistas y hace un año y medio entré a trabajar en Adecco como recepcionista y haciendo algunos trabajos de asistente de selección. Me fueron sumando tareas relacionadas con lo que yo estudio y después de un año me pasaron a este nuevo puesto de Analista de Selección", cuenta Karina, a la vez que resalta que no todas las empresas tienen el mismo compromiso para integrar a personas con discapacidad.
 
Poder conseguir un trabajo por su cuenta, fue una experiencia completamente movilizadora para Karina y que vivió como un éxito personal. "Esto fue algo que yo salí a buscar y entonces tiene otro valor. Me acerqué yo a inscribirme, tuve que pasar por un proceso de entrevistas y selección. Y eso te hace sentir que ganaste, porque el puesto hoy es mío por sobre otros candidatos", explica.
 
Para ella, el trabajo es fundamental para sentirse productiva y encontrar un lugar de pertenencia. "Te hace sentir bien con vos misma, te hace sentir parte y que compartís los mismos lugares que otras personas. Además, hacés tu aporte a la sociedad y te refuerza la autoestima, te estructura el día y la vida. Yo tuve un recorrido bastante fácil pero eso no es lo común", agrega, mientras cuenta que tipea bastante rápida a pesar de tener una sola mano. "Y lo hago sin mirar. Obvio que alguna vez le pifio, ¿no?", dice sonriendo.
 
Su primer objetivo en el corto plazo es terminar la carrera -que cursa a la noche porque durante el día trabaja- y después poder orientarse laboralmente a la administración de persona: "Es una mezcla perfecta entre el contacto humano y los números. Además me gusta mucho la capacitación. A nivel personal, me encantaría irme a vivir sola y en algún momento formar una familia, como cualquiera", conlcuye Karina, con la tranquilidad de saber que, como hasta ahora, va a poder conseguir cualquier cosa que se proponga.
 
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Uriel Weicman llega a la puerta del Instituto Nacional de Tiempo Libre y Recreación, en Recoleta, con su mochila al hombro y su calma a cuestas. Con una tranquilidad que desentona con la locura de las 6 de la tarde de la city porteña, Uriel, de 22 años, se dispone a contar cómo se convirtió en un joven que encontró la motivación que necesitaba para ofrecerle al mundo todo lo que tiene para dar.
 

A pesar de sólo tener un 10% de visión -el resto la perdió producto de una meningitis en sus primeros días de vida- Uriel tiene una mirada nítida de lo que quiere en su vida: "Para mí lo más importante es participar y darle lugar al otro para ver qué le interesa y qué para aportar al construir colectivamente", sostiene Uriel, a la vez que aclara con relación a su discapacidad: "Yo veo así desde que nací y aprendí a ser funcional a mi manera", afirma esta joven que vive en Almagro con sus padres y su hermano menor.
 
Por eso, Uriel se las ingeniaba para poder absorber los conocimientos durante su escuela secundaria en el Instituto Sudamericano Modelo Uriel. Como no llegaba a ver el pizarrón, usaba anteojos para leer de cerca. Pero además, se valía del apoyo de su entorno que lo asistía: sus padres le leían los libros o le ampliaban los textos de las fotocopias; sus compañeros le dictaban, él grababa las clases o pedía los apuntes y después su mamá se los transcribía en letras más grandes.
 
Más allá de no tener inconvenientes en la parte académica, Uriel reconoce que por momentos no se sentía del todo cómodo durante esa época: "No es que la pasaba mal pero mis compañeros no entendían lo que me pasaba. Me escondían la cartuchera cuando yo no estaba mirando. Era un problema de desconocimiento mío, de mis compañeros, de mis padres, de mi hermano, de las herramientas que existían para que yo pudiera tener una vida más plena", cuenta.
 
Cuando terminó la secundaria, sentía que no estaba del todo preparado para estudiar una carrera, así que decidió viajar y empezar a dar talleres de educación no formal en un centro judío al que asistía. Allí realizaba actividades recreativas con los chicos para trabajar valores, temas relacionados con la ecología o el judaísmo.
 
Como él, son muchos los jóvenes con discapacidad que en algún momento - o nunca - no logran adaptarse al trayecto escolar, y terminan dejando. "Hay un nivel de deserción escolar muy grande en las personas con discapacidad visual. Te diría que un 70% no estudia, más allá de su nivel socio-económico", sostiene Uriel. En este mismo punto, Graciela Ricci, directora general de Adeei -ONG que hoy en día tiene 250 chicos integrados en los niveles inicial, primaria, secundaria y terciario- agrega que "cuando la ley habla de inclusión está hablando de que todos los chicos se tienen que escolarizar pero esto también puede hacerse en escuelas especiales. La interpretación que se le da a la ley es que todos los chicos tienen que estar en la escuela, pero no integrados unos con otros. Nosotros, en cambio, luchamos por "todas las escuelas para todos los chicos".
 
La experiencia de Adeei es que los chicos que pueden transitar la escuela común y terminar el secundario, generalmente se ubican en un trabajo competitivo. Esto les permite acceder a un sueldo, una obra social, estar en blanco y vacaciones pagas. "Esos chicos no van a necesitar ir al centro terapéutico, al centro de día o al hogar. No van a tener que depender de sus padres y van a poder empezar a armar sus propias familias. Nosotros tenemos más de 80 de chicos ubicados a través de nuestra área laboral. En relación a la escuela, ha aumentado el nivel de escolarización de las personas con discapacidad y también los casos de integración escolar. Hay más conciencia, Los padres lo piden, los profesionales lo recomiendan pero lo que no hay es decisión política suficiente", dice Ricci.
 
Uriel sentía que le faltaba algo más para tomar la decisión de empezar sus estudios terciarios. "En 2008 me acerqué a la Asociación para el Desarrollo de la Educación Especial y la Integración (Adeei) para aprender computación. Ya andaba solo por la calle pero me costaba ver los colectivos o los nombres de las calles así que también hice un curso de Movilidad y Orientación Comunitaria para manejarme mejor en la calle", recuerda Uriel, quien adquirió en ese entonces un pequeño telescopio que guarda en su bolsillo y le sirve para ver el número de los colectivos o lo que haga falta.
 
Con la confianza hinchada y el corazón lleno de energía, Uriel se anotó en 2009 en la Tecnicatura Superior en Pedagogía de la Educación Social en el Instituto Nacional de Tiempo Libre y Recreación, de la que todavía le quedan 10 materias que cursa de noche. "Me gusta mucho la educación que tiene que ver con lo no formal. El perfil del egresado es para trabajar en proyectos barriales y comunitarios, en políticas públicas, en ONG, en colegios como asesores pedagógicos", cuenta Uriel.
 
Ese mismo año empezó a trabajar en una pasantía educativa como auxiliar del taller "Tiempo libre y socialización" dirigido a personas con discapacidad en Adeei. En el 2010 ya pasó a tener una pasantía rentada en talleres de Socialización y Aprestamiento Laboral para personas con discapacidad mental y desde el 2011 forma parte del equipo estable de Adeei.
 
Pero su revolución interna llegó en 2010 de la mano de Fabiana Mon, una rehabilitadora visual que lo acercó a un grupo terapéutico de personas con baja visión al que hoy todavía asiste cada 15 días. "Fue importante encontrarme con personas que habían vivido lo mismo que yo en diferentes aspectos de su vida", recuerda.
 
Para esa misma época, Tiflonexos estaba organizando un encuentro para personas con baja visión que estuvieran estudiando del cual participó y ahí encontró el espacio que estaba necesitando. Se puso en contacto con la Red Materiales y apoyo tiflo educativo (MATE ) para generar accesibilidad a los estudiantes con discapacidad visual y nunca más pudo parar.
 
Hoy en día trabaja en la Red en la que - además de hacer amigos y de mejorar las posibilidades educativas para el resto de los estudiantes con baja visión - encontró su lugar: "es increíble vivenciar el empoderamiento que podemos conseguir las personas con discapacidad en nuestras vidas, la posibilidad de participar e involucrarnos. Hoy participo de la Comisión de Estudiantes de la Red MATE con el objetivo de crear un nuevo centro en Salta. La idea es que haya uno en cada provincia del país", cuenta este joven que tiene un lector de pantalla en el celular y el programa Magic en la computadora, una suma de magnificador de pantalla y lector de pantalla.
 
Con una mirada retrospectiva, Uriel reconoce que recién cuando llegó a Adeei y empezó a asumir su discapacidad con otra madurez pudo empezar a desenvolverse en cada espacio de otra manera. "Hoy todos mis compañeros saben que tengo baja visión y no hay ningún problema. Algunos me escriben lo que está en el pizarrón y yo le pido los textos digitalizados a los profesores. Nunca en el secundario pensé que iba a tener tanta capacidad de gestión y de hacer cosas", concluye Uriel, con el desenfreno propio de quien siente que puede conquistar el mundo.
 
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Para los vecinos de Belgrano es una postal común verlo a Gabriel Avruj circulando con su silla de ruedas automática por las veredas del barrio. Su casa y su oficina -ambas ubicadas en edificios totalmente adaptados- quedan a sólo un radio de seis cuadras de distancia, y él va y viene con total libertad. En esos trayectos, es habitual verlo saludar a los porteros, los empleados de los locales y hasta que una señora lo pare para darle un beso.
 
"Hace 3 años hice una presentación en el CGP para que me hicieran las rampas del recorrido que necesito hacer para moverme en el barrio. Las calles muchas veces están rotas y ni hablar de las veredas. Por suerte las rampas están bien hechas, con buen material y abarcan toda la esquina. La línea punteada es para que las personas ciegas sepan que viene una rampa. La plaza más cercana es a 4 cuadras y no puedo llegar porque las veredas están rotas. Me tiene que acompañar alguien para ayudarme con la silla", sostiene Gabriel, que hace 25 años tuvo un accidente de auto que le cambió la vida, y también su manera de moverse en ella.
 

Es que circular en una ciudad como la de Buenos Aires con tantas barreras arquitectónicas para las personas con movilidad reducida no es tarea sencilla. Según un informe de la ONG Acceso Ya, el 85% de las escuelas son inaccesibles, como así también el 70% de los colectivos, el 93.2 % de los lugares gastronómicos, el 71 % de las sucursales bancarias, el 75 % de los edificios con oficinas y dos de cada 15 oficinas de gobierno.
 
A partir del accidente, la movilidad de Gabriel se vio totalmente transformada, así como su situación personal y familiar. En ese entonces, el edificio en el que vivía con sus padres no era accesible, y fue así que su padre -un ingeniero civil- comenzó a interesarse por la arquitectura para todos. Creó el Grupo Edificios Sin Barreras, que lleva adelante el asesoramiento y la construcción de edificios sin barreras arquitectónicas -accesibles para todas las personas-, y la concientización de la población en estas temáticas. Fue así que su primera obra fue construir un edificio totalmente accesible en el que Gabriel pudiese moverse con la silla de ruedas libremente: no tiene rampa para entrar, los ascensores tienen botonera al nivel de una persona en silla de ruedas, con botones fáciles de apretar, señalización en braille y con puertas son automáticas.
 
"Hace 10 años no podía viajar ni en colectivo ni en subte. Ahora hay varias estaciones de subte con ascensor y muchos de los colectivos están adaptados", dice Gabriel, que reconoce que ha habido avances en la accesibilidad en el transporte.
 
Después de 3 largos años de depresión luego del accidente, gracias al apoyo de su familia, de sus amigos y de su incursión en el camino espiritual, Gabriel empezó a reinsertarse en la sociedad. Retomó sus estudios secundarios y se dispuso a salir adelante. "La vida no es solamente acceder a un lugar y por suerte en la Argentina la gente es muy solidaria. En la secundaria el aula estaba en el primer piso y todos los días cuatro compañeros me cargaban por la escalera con la silla para que pudiera llegar", cuenta con el mismo entusiasmo con el que encaró numerosas campañas de concientización para que más lugares fuesen accesibles, se instalaran rampa o se adecuasen las estaciones de subte y los colectivos.
 
A partir de allí, Gabriel fue creciendo en ganas de hacer, en proyectos y en su espíritu. Estudió Ciencias Económicas en la Universidad de Belgrano y actualmente dirige la filial local de Humanity´s Team y la ONG Conciencia sin Barreras. "Si bien la universidad es accesible porque tiene un ascensor para las personas que estamos en silla de ruedas, la entrada al ascensor está separada de la entrada principal. Entonces cada vez que yo venía con mis compañeros, me tenía que separar e ir solo al ascensor, y ahí se resentía mi desarrollo social", aclara Gabriel, que hace unos años se mudó a otro edificio accesible en el que además de las comodidades del anterior, tiene un departamento con paredes curvas para facilitar el desplazamiento con la silla pero también para dejar fluir la energía, un baño adaptado y sin pasillos. "Estos son edificios en los que puede vivir cualquier persona. No me hubiera gustado irme a vivir a un edificio para personas con discapacidad porque hubiera sido discriminatorio", aclara Gabriel, mientras sueña con un mundo accesible y pensado para todos. Por eso, su misión actual reside es despertar al mundo a la conciencia de la humanidad. "En esencia somos todos uno. Si entendiésemos eso no generaríamos barreras arquitectónicas porque, en definitiva, el otro soy yo mismo".
 
Dixit
"Yo soy discapacitada porque la gente me ve así y no porque yo me sienta así. Por eso creo que la discapacidad es más un tema social que físico"
 
Karina Dicono
Asistente de Selección en Adecco
 
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Cómo Internet está cambiando la forma en que funciona el cerebro humano.

Evolución.
 
Cómo Internet está cambiando la forma en que funciona el cerebro humano.
 
La Nación entrevistó a científicos de la Argentina, Estados Unidos e Inglaterra para determinar si es cierto, como se ha afirmado durante años, que las nuevas tecnologías afectan nuestras funciones intelectuales, y cómo lo hacen. La respuesta es asombrosa.
 
Por Débora Slotnisky. 
 
 
 
 
 
Según la teoría de la evolución, el hombre está en constante cambio. Aunque muchas veces sea imperceptible, las modificaciones se van dando en función del entorno.
 
Con la masificación de Internet, las redes sociales, la telefonía celular, la cotidianidad se ha visto radicalmente modificada durante los últimos años. Por ejemplo, antes recordábamos con facilidad muchísimos números telefónicos, y ahora no es disparatado encontrar hasta nuestro propio número agendado en nuestro celular.
 
El Prof. Dr. Ricardo Allegri, jefe de Neurología Cognitiva de Fleni e investigador independiente del Conicet, explica este fenómeno: "Las nuevas tecnologías cambian paradigmas. De esta manera, las formas de procesamiento que eran habituales en generaciones anteriores se alteran; es decir, si en el pasado el procesamiento de la información era más lineal, actualmente es en paralelo, por eso una persona puede mantener al mismo tiempo varias conversaciones a través de Twitter, SMS y chat, sin inconvenientes".
 
Plástico como el cerebro
 
"La ortografía y escritura también se están alterando, y esto se evidencia a simple vista cuando se observa cómo escriben los más jóvenes. Esto no quiere decir que estén mermando las capacidades lingüísticas, simplemente hay un cambio comparado con el pasado", ejemplifica la Dra. Alba Richaudeau, neuropsicóloga del Hospital Austral y del Instituto Argentino de Psicología Aplicada (Iapsa).
 
Por su parte, la Dra. Tracy Alloway, experta en psicología cognitiva de la Universidad de Stirling, en Escocia, realizó un estudio para analizar el impacto de las aplicaciones tecnológicas en la memoria del trabajo , es decir, los procesos cerebrales involucrados en retener información durante un período corto y cómo manipulamos esta información. Esta memoria, además de almacenar los recuerdos, nos ayuda a utilizarlos para relacionar datos y resolver problemas.
 
"Los cerebros de los niños, por su relación con las nuevas tecnologías y por la evolución propia del hombre, tienen diferencias respecto de los cerebros de las generaciones anteriores, por eso es indispensable cambiar el sistema educativo, que está prácticamente obsoleto. Nosotros aprendimos acumulando datos y lo valioso era saber muchas cosas. Sin embargo, hoy los datos están accesibles todo el tiempo, de modo tal que ya no es un valor para el cerebro el acumular información", sostiene la Dra. Alba Richaudeau, neuropsicóloga del Hospital Austral y el Instituto Argentino de Psicología Aplicada (Iapsa).
 
A tal fin, Alloway reunió a 104 estudiantes universitarios y a 284 adultos, de entre 18 y 30 años. A esos dos grupos los dividió en dos equipos. Por un lado, los que llevaban más de 12 meses usando Facebook y por el otro, los que contaban con menos tiempo en esa red social. Se sometió a todos los participantes a distintas pruebas vinculadas con la memoria y el lenguaje. Los resultados obtenidos indican que los del primer grupo tuvieron una mayor puntuación en todas las pruebas en comparación con los del segundo.
 
 
 

"De esta manera pudimos observar que el acto de comprobar el estado de un amigo y sus actualizaciones en Facebook fue un importante predictor del coeficiente intelectual verbal. Esto es así porque cuando una persona está usando Facebook tiene que tener en cuenta la nueva información de su amigo (es decir, el estado de actualización) y descartar el conocimiento previo acerca de dicho individuo. De esta manera es posible que usar Facebook sirva para aumentar las capacidades cognitivas como la memoria de trabajo y el coeficiente intelectual verbal", dijo en diálogo con La Nacion.
 
Además, Alloway está analizando el impacto de aplicaciones populares como YouTube y Twitter en la memoria de trabajo. Según los primeros resultados del estudio, tales aplicaciones estarían disminuyendo dicha habilidad: "Mis conclusiones indican que estas herramientas podrían estar perjudicando las capacidades del ser humano, que existe la posibilidad de que este tipo de tecnología pueda dañar nuestra memoria de trabajo ya que nos insta a realizar actividades muy breves y cortas. Con Twitter, que se basa en mensajes de 140 caracteres, utilizamos muy poca información en cada mensaje. De esta manera no estamos usando la memoria ni la capacidad del lenguaje tal como lo hacíamos en el pasado, y lo mismo sucede con el uso de los mensajes de texto. Por otro lado, cuando una persona está usando Facebook tiene que tener en cuenta la nueva información de su amigo (que sería el estado de actualización), y descartar el conocimiento previo acerca de dicha persona. De esta manera es posible que el acto de usar Facebook sirva para aumentar las capacidades cognitivas como la memoria de trabajo y el coeficiente intelectual verbal", sostiene.
 
Con respecto a estas conclusiones, el médico de Fleni advierte: "Si uno evalúa las funciones cognitivas en forma aislada, puede decir que el impacto es positivo o negativo. Por ejemplo, si analizo el efecto de los buscadores de Internet puedo afirmar que alteran de alguna manera nuestro cerebro, ya que la memoria episódica (que es un sistema de memoria explícita y declarativa que se utiliza para recordar experiencias personales enmarcadas en nuestro propio contexto, como es el hecho de recordar números de teléfonos) se vuelve menos efectiva que antes, pero si lo analizo en el nivel global, sin duda se trata de un impacto positivo, porque rescato que las redes sociales como Facebook nos facilitan la memoria operativa porque nos permite interrelacionar situaciones, mientras que Twitter, por sus características de instantaneidad y linealidad, pone al cerebro en contacto con infinidad de personas que discuten una misma información".
 
En este sentido, una investigación publicada en la revista Science a mediados de 2011 sugiere que cuando las personas confían en tener acceso futuro a la información tienen menor recuerdo de los datos, pero mayor de la fuente de esa información. Este estudio asegura que Internet se ha convertido en la fuente primaria de memoria externa. Al respecto, el experto de Fleni opina: "Estamos ante un problema si la actividad que antes tenía el cerebro ahora se la delegamos a los aparatos, dejando al órgano inactivo. Pero si descargo parte de mi memoria en Internet para poder usar mis capacidades para interactuar y procesar diversas informaciones, entonces el efecto es positivo. Antes teníamos una capacidad mucho más limitada para ubicar y manejar información. Ahora tenemos más acceso y mayor capacidad para procesar y relacionar mucha información. Definitivamente, no es que el cerebro deja de trabajar, sino que lo hace de otra manera".
 
El Efecto Google
 
Los motores de búsqueda tienen un impacto fundamental en el funcionamiento de nuestro cerebro. Los expertos denominan Efecto Google al fenómeno por el cual la población ha comenzado a utilizar Internet como su banco de datos. De esta manera, las computadoras y los buscadores se han convertido en una especie de sistema de memoria externa al que puede accederse a voluntad del usuario y al que la memoria humana se está adaptando.
 
"Este alejamiento de la memorización en última instancia puede ayudar a la gente a mejorar su comprensión, porque la memoria es mucho más que la memorización, y el Efecto Google nos permite liberar más espacio en nuestros cerebros para orientarlo más al procesamiento de información", asegura Alloway.
 
"Cuando usamos el GPS dejamos de estimular nuestro cerebro para crear una estrategia para desplazarnos de un punto a otro". , subraya la Dra. Marcela Cohen, neuróloga de la Clínica y Maternidad Suizo Argentina.
 
"Está claro que hoy, el Efecto Google es la forma actual de acopio de datos. Si bien puede verse como detrimento para el ejercicio de la memoria, desarrolla otras áreas como la creatividad y asociación rápida, y la posibilidad de realizar lecturas simultáneas. El acceso instantáneo a la información variada permite la comparación, la asociación de ideas, y estimula la flexibilidad cognitiva mediante la utilización de juegos y programas informáticos. El cerebro tiene muchas funciones, una es la memoria. Si bien ésta es la que parece descansar en el nuevo escenario, otras como la rapidez visual y motora, la deducción, la concentración y la atención utilizadas en Internet son propiciadas como una forma de gimnasia cerebral", destaca la Dra. Marcela Cohen.
 
Mentalmente social
 
Casi el 40% de los argentinos tiene una cuenta en Facebook, según un reciente estudio de la consultora eMarketer, que vaticina que para 2014 existirán 17 millones de personas registradas en esta red social. Con estos datos, el país se coloca como el tercero a nivel mundial con mayor penetración y como líder en América latina.
 
"Hay evidencia de que los individuos que están más conectados socialmente pueden retrasar la pérdida de memoria en la edad avanzada", dice Alloway, y explica que, por ejemplo con el uso de Facebook, la memoria de trabajo puede ser estimulada y mejorada a cualquier edad, obteniendo un impacto enorme en las capacidades cognitivas y de aprendizaje.
 
"Las nuevas tecnologías cambian paradigmas. De esta manera, las formas de procesamiento que eran habituales en generaciones anteriores empiezan a cambiar, es decir, si en el pasado el procesamiento de la información era más lineal, hoy el cerebro trabaja de otra manera, por eso las conversaciones hoy no son lineales, sino que se dan en paralelo, motivo por el cual una persona puede mantener al mismo tiempo varias conversaciones diferentes a través de Twitter, SMS y chat, sin inconvenientes", advierte el Prof. Dr. Ricardo Allegri, jefe de Neurología Cognitiva de Fleni e investigador independiente del Conicet.
 
El investigador Ryota Kanai, del Instituto de Neurociencias Cognitivas del Colegio Universitario de Londres, lleva tiempo investigando el funcionamiento del cerebro. Junto a su equipo encontraron que existe una relación directa entre el número de amigos que una persona tiene en Facebook y el tamaño de ciertas regiones del cerebro, lo que eleva la posibilidad de que el uso de redes sociales pueda cambiar este órgano.
 
Para llegar a esta conclusión escanearon el cerebro de 125 estudiantes universitarios usuarios de Facebook y compararon los resultados con el tamaño de sus grupos de amigos, tanto en la red como en el mundo real. Entrevistado por La Nacion, explica: "Concluimos que cuantos más amigos tenía una persona en esta red social, mayor era su volumen de materia gris en cuatro regiones del cerebro, entre ellas la amígdala, asociada a la respuesta emocional y la memoria, así como otras zonas clave para identificar las señales que se producen durante la comunicación con otras personas".
 
El espesor de la materia gris en la amígdala también se vinculó con el número de amigos que tenía la gente en el mundo real, pero el tamaño de las otras tres regiones parecía estar correlacionado sólo con las conexiones online.
 
"Creo que la razón por la cual se encontró dicha correlación entre el número de amigos de Facebook y lo que sucede en varias regiones del cerebro tiene que ver con el impacto de la actividad social online de las personas, que podría reflejar su nivel de sociabilidad general o de extroversión. Las redes sociales son enormemente influyentes, pero todavía conocemos muy poco sobre el impacto que tienen en nuestros cerebros", reconoce Kanai, y agrega que a pesar de los estudios realizados, hasta ahora no es posible afirmar si tener más contactos en Facebook hace más grandes determinadas partes del cerebro, o si algunas personas están simplemente predispuestas para tener más amigos.
 

Está claro que las nuevas tecnologías no atrofian el cerebro, como muchos creen. De todos modos, los entrevistados enfatizan que son herramientas para realizar determinadas acciones, y no deben ser utilizadas como un fin en sí mismo.
 
Al ritmo al que avanzan las tecnologías parece imposible prever cómo funcionará nuestro cerebro en sólo 20 años. "Este órgano tiene una gran capacidad de adaptación. Es mentira que tenemos zonas del cerebro que no se usan. Todo lo que tenemos lo usamos y todo se adapta para una mejor interacción con el mundo", concluye el Dr. Allegri.
 
Si bien hay en marcha diversos estudios científicos al respecto, para la Dra. Alba Richaudeau no es posible aún probar científicamente cómo se están dando esos cambios: "Las investigaciones demandan tiempo y los avances tecnológicos avanzan a una velocidad superior. Tenemos la impresión de que Internet impacta en el funcionamiento cerebral, pero todavía no hay resultados concluyentes. Entonces, si bien ya hay ciertos estudios que dan cuenta de cómo el cerebro se está adaptando al nuevo medio, lo cierto es que aún hay mucho por investigar".
 
En definitiva, como dice el neuropsicólogo Mark Mapstone, de la Universidad del Rochester Medical Center de Rochester, Nueva York, Estados Unidos, al ser consultado por La Nacion: "El hombre se ha centrado en la tecnología desde los albores de los tiempos. Controlar el fuego, inventar la rueda y desarrollar el lenguaje escrito son sólo algunos ejemplos de lo que ha sido la evolución. Los humanos somos animales de adaptación, y en este contexto utilizamos la tecnología para que la especie continúe avanzando".

miércoles, 2 de mayo de 2012

"Cantábamos el himno en medio del frío y la oscuridad de la balsa"

"Cantábamos el himno en medio del frío y la oscuridad de la balsa"
Héctor Moita mira el cielo y la bandera argentina que flamea en lo alto de la base naval de Puerto Belgrano. De golpe, como cada 2 de mayo, le vuelve el olor a café recién sacado de la hornalla en la cocina de la cámara de oficiales del buque y un instante después el cimbronazo, el golpe seco del primer torpedo y el ardor en la pierna por el líquido caliente derramado. Un momento de silencio, el segundo estallido y luego gritos apagados, desconcierto y lo inevitable de la tragedia. El hundimiento del crucero.
 
"Hacía ocho meses que estaba embarcado, como colimba, claro. Trabajaba de mozo para los oficiales. Fue un instante terrible. Los oficiales corrían hacia cubierta. Todo estaba oscuro. Enseguida llegó la orden de abandonar la nave. En mi balsa éramos 20 y estuvimos más de 36 horas a la deriva. Todos estábamos con principio de congelamiento cuando nos rescató el aviso Gurruchaga", recuerda Moita, nítido, como si no hubieran pasado 30 años.
 
Héctor es de Bonifacio, un pueblo cercano a Guaminí y por cada fecha del hundimiento no duda, siempre que puede, reunirse con sus camaradas para conmemorar el artero ataque del submarino Conqueror.
 
"En un momento, después del naufragio, mientras el frío, la oscuridad y las olas nos zarandeaban en la balsa, se escuchó cantar el Himno. A pesar del agotamiento, los 20 de mi bote, lo cantamos", le dijo Héctor a Diagonales.com
 
Moita revive el momento del rescate: "El aviso Gurruchaga, el barco que nos terminó salvando, tenía una tripulación de noventa hombres. Cuando descendimos en Usuhaia, tocamos tierra 360 personas". Nos dieron lo que no tenían. Comida. Ropa, frazadas".
 
"Tuve suerte, no me quedaron secuelas físicas ni psíquicas. Pero demás está decir que lo que pasó es imborrable", concluyó Moita.

Un perfil donde Maia muestra al mundo sus ganas de vivir.

   
 
Tiene cinco años y espera un corazón; en su muro recibe palabras de aliento.
 
Por Fernando Massa. 
 
 
 
 
En una sala de la unidad coronaria intensiva del hospital Garrahan, Maia Guadalupe Coman, de cinco años, lleva un año y tres meses conectada a un corazón artificial a la espera de un trasplante.
 
Mientras tanto, a través de la página de Facebook que lleva su nombre, ella le muestra al mundo las enormes ganas de vivir que tiene. Incluso, ese espacio se ha vuelto un lugar de conexiones solidarias: en su muro recibe palabras de aliento de quienes estuvieron en la misma situación y ya pudieron recibir un nuevo órgano, y el apoyo y la comprensión de los que, como ella, aún siguen a la espera.
 
"La idea es que la gente pueda ver a Maia y que ella misma muestre las ganas de vivir que tiene y cómo pide otra oportunidad. Además, sirve como apoyo psicológico. Así nos enteramos de las alegrías de unos y las tristezas de otros", dice a LA NACION Cristian Coman, el padre de Maia. Además, a través de ese perfil en Facebook, que sus padres abrieron especialmente luego de que ella quedara internada, cuentan novedades de su hija o avisan de las distintas campañas de concientización para la donación de órganos que van armando.
 
Con apenas dos meses de vida, a Maia le detectaron una miocardiopatía dilatada. Con medicamentos pudieron detener el crecimiento del corazón, pero sólo hasta los cuatro años. "Ella quedó internada el 7 de febrero del año pasado en el Garrahan y diez días después la conectaron de urgencia -dice Cristian-. Desde entonces, ya llevamos todo este tiempo a la espera del milagro y tratando de que ella no decaiga. Es mucho tiempo y las cosas que vive cada día en terapia no le hacen bien. Hace muchas amistades y ve que los demás se van yendo."
 
El 11 del mes pasado Maia bajó al quirófano y la prepararon para un trasplante. Había un corazón compatible para ella. Pero a las dos horas le avisaron a la familia que no podía ser operada porque el corazón del niño que lo había donado se había dañado con electroshocks para reanimarlo. "Fue terrible para todos. ¿Cómo explicarle a ella lo que pasó? Le dijimos que los médicos se equivocaron, que necesitaba uno de princesa y éste era de príncipe", cuenta Cristian.
 
El día en que su hija ingresó en el Garrahan, él le prometió que se iba a quedar con ella hasta que salieran juntos de ahí. Que iban a ir pescar a Entre Ríos como lo había hecho toda la familia un mes antes de que ella quedara internada. Cristian tuvo que dejar su trabajo como chofer de un camión para poder acompañarla. Mientras tanto, su esposa se encarga de sus otros tres hijos allá en su casa de Gran Bourg, en Malvinas Argentinas. Por ahora van tirando con un subsidio y la asignación universal por hijo.
 
"Maia es consciente de todo lo que está viviendo -dice su padre-. Extraña a sus hermanos y quiere que le den una segunda oportunidad. Lamentablemente tiene que partir un angelito para que otro siga viviendo."

Reflexión, El día que la Thatcher nos tuvo que escuchar.

Reflexión.
 El día que la Thatcher nos tuvo que escuchar.
 
En 1997, el autor de esta nota asistió a una conferencia en una escuela de diplomacia de Estados Unidos, donde la ex premier británica concurrió como invitada. Aquí, una crónica visceral de ese encuentro efímero donde la Dama de Hierro le respondió sobre la causa Malvinas.
 
Por Luis Rosales . 
 
 
 
 
Era el año 1997. Quince habían pasado de la tragedia del Atlántico Sur y también quince faltaban para el trigésimo aniversario que ahora recordamos. El otoño de Boston brindaba un espectáculo sobrecogedor, inundando de dorados y ocres las bucólicas colinas, que en las afueras de la ciudad son sede de la Fletcher School of Law and Diplomacy. Como es habitual, un estadista extranjero invitado se aprestaba a dar su conferencia dentro de un ciclo que complementa el año lectivo de la escuela de diplomacia más antigua de los EE. UU. Esta vez la elegida no era otra que la mismísima Dama de Hierro, la ex premier británica Margaret Thatcher. Una mujer admirada en extremo por estos habitantes de la Nueva Inglaterra americana, que paradójicamente celebran todo lo británico, a pesar de que en ese mismo puerto, en 1773, la rebelión del té contra el rey Jorge inició el proceso emancipador en este lado del Atlántico.
 
Hacía un tiempo que la reina le había otorgado el título de baronesa por los servicios prestados a la corona, lo que se traducía en un trato muy formal de Lady Thatcher al que casi todos los presentes respetaban sin titubeo alguno. La conferencia giró en torno de los temas típicos en un ciclo en el que antes habían participado el ex presidente Bush padre y el ex secretario de Estado James Baker III, entre otros. El fin de la Guerra Fría, el colapso del imperio soviético, hacia dónde iba el mundo encaminándose al cambio de milenio. Al final, como siempre, algunas preguntas del público, compuesto principalmente por las autoridades de la escuela, el cuerpo docente y nosotros, los alumnos que cursábamos las maestrías.
 
Las consultas de mis otros compañeros giraron en torno de esos temas, ya que los que queríamos tener la oportunidad de dialogar con la conferencista nos tuvimos que anotar varios días antes y señalar el tema por profundizar, siempre vinculado con el contenido de la charla. Pero los sentimientos pudieron más y cuando llegó mi turno, después de presentarme como argentino, algo que empezó a deformar el rostro ya adusto de la señora, giré mi vista al decano, un general de cuatro estrellas del ejército norteamericano que había sido comandante supremo de las fuerzas de la OTAN y pedí permiso para apartarme del tópico central de la conferencia. Luego de recibir la autorización del anciano militar me dirigí a la ex premier, con bastante nerviosismo y algo de temor, llamándola Mrs. Thatcher, sin hacer referencia a su título. Saqué desde lo más profundo la mezcla fuerte de sensaciones que se amontonaban en mi corazón y en mi mente. Le dije que frente a ella yo experimentaba una dual combinación de admiración y repudio. Admiración por haber sido una de las grandes protagonistas de la historia moderna, cuando junto con el presidente Reagan y el papa Juan Pablo II habían encabezado un verdadero frente contra el vetusto y arcaico sistema soviético y habían conseguido liberar a millones de humanos del yugo esclavizante que se imponía desde el Kremlin. Pero que al mismo tiempo, como argentino, no podía sino sentir algo de rabia, bronca y desprecio. Le pregunté si quince años después de los sucesos del Atlántico Sur, especialmente del hundimiento del crucero Gral. Belgrano, no experimentaba algo de remordimiento o al menos de arrepentimiento, y le sugerí si la historia de las Malvinas podía terminar con un final feliz para nosotros, como en Hong Kong para los chinos.
 
Un rayo de autoridad pareció iluminarle el rostro. Su mirada ya penetrante se intensificó y concentró hasta llegar a niveles intolerables. La Dama de Hierro crecía desde el atril mientras miraba a este impertinente habitante del sur de la Tierra, que osaba contradecir su obra maestra. Inmediatamente me contestó que nada de eso sentía ni sentiría nunca hasta el final de sus días. Que había sido un reclamo inventado por el gobierno fascista del General Perón el que había originado nuestra causa nacional por las Malvinas y que otro general fascista, Galtieri, había decidido invadirlas, dejando de lado los derechos y deseos de sus habitantes. Que ella sólo había salido en defensa de un territorio británico y de sus súbditos. Que además los argentinos debíamos estarle agradecidos, ya que por ella disfrutábamos de la actual democracia. La ofensiva verbal, tan intensa como la que ordenara contra nuestras tropas allá por 1982, culminó con una profecía también de hierro: que nunca la Union Jack, su bandera, iba a seguir el destino que siguió en la ex colonia de Hong Kong. "Las Falklands fueron, son y serán británicas for ever, and ever."
 
Finalizada esa verdadera diatriba, volví a mirar al decano y le insistí a la señora, pero esta vez para ver si accedía a posar para los fotógrafos luego de su charla. Ella accedió refregándome su título nobiliario por mis narices: "La lady accede al pedido del caballero", contestó. Cuando todo terminó me acerqué al estrado y ella preguntó para qué quería la foto. Le dije que no se preocupara, que en la Argentina no era común practicar el vudú con las imágenes de los que no nos caen bien, aunque ganas no me faltaban, a lo que respondió con una sonrisa, tal vez la primera en toda la tarde. Le comenté que mis amigos, la gente de la generación que había combatido en aquella guerra, no me iban a creer lo que había vivido si no tenía ese documento gráfico.
 
Las luces se apagaban, y mientras bajaba por las colinas bostonianas no pude dejar de pensar en el enorme error de cálculo que se cometió en 1982 al creer que podíamos intimidar a esta señora y a su pueblo por la fuerza, y de paso dividir la siempre vigente alianza estratégica que mantienen británicos y norteamericanos. Una grave equivocación que nos costó muchas vidas inocentes y que nunca más deberíamos volver a repetir. Reflexioné que nuestras Islas Malvinas las recuperaremos con diplomacia, insistencia e ingenio, y nunca por desplantes o por la fuerza.