jueves, 21 de febrero de 2013

Historias que inspiran: Leandro Gil. Salir del fondo del abismo y hacer la diferencia.


 
Después de soportar una infancia muy dura y un accidente en el que perdió sus brazos, este joven de 27 años hoy formó su familia, tiene un trabajo estable y recibió el premio Gota en el Mar al Periodismo Solidario en 2012.
 
Por Leandro Milán. 
 
 
 
 
Cuando el subte golpeó su cuerpo, lo sacó del trance. Sintió el dolor punzante del impacto, la oscuridad rodeándolo, las cientos de manos invisibles que lo arrastraban y empujaban con violencia hacia la nada misma. Luego llegó la oscuridad, y con ella, el silencio. Su cuerpo dejó de moverse, las garras de metal habían desaparecido. Malherido, abrió lentamente los ojos y vio el cartel de la estación Jujuy. El subte se detuvo unos metros más adelante. Leandro sabía que tenía que aprovechar aquel momento si quería salir vivo de ahí. Intentó levantarse, pero pese a que hacía fuerza con sus brazos, su cuerpo no se movía, un dolor ácido lo hizo llevarse las manos hacia el rostro y aunque sentía los dedos recorriendo su cara, su mano ya no estaba allí: era como si lo tocarael miembro de un fantasma. Cerró los ojos y suspiró, creyendo que había muerto. Una de las piedras del suelo se movió debajo de su cuerpo y eso lo hizo reaccionar, aún no era un fantasma, algo había pasado con sus brazos pero su cuerpo estaba allí, vivo. Esperanzado, comenzó a arrastrarse como un soldado por entre las vías de acero, el metal caliente de los rieles le quemó el cuerpo como brasas al rojo vivo, pero él continuó, quería vivir, iba a vivir. Alcanzó a esconderse debajo del andén, y allí, entre los cientos de cables, comenzó a gritar con la poca fuerza que tenía,para que no arrancaran el subte, que él estaba ahí, que necesitaba ayuda. Un hombre se asomó por la cornisa, "No te muevas pibe, ya va la ayuda, aguantá",le dijo y Leandro asintió, pero sus heridas volvieron a sumirlo en la oscuridad, y ahí escondido entre los cables de la estación de subte de la línea E, entró en shock.
 
Leandro Gil es delgado, de altura promedio y rasgos marcados. Tiene la mirada severa, casi dura, que por momentos sostiene con firmeza. Nació el 26 de enero de 1986 y volvió a nacer en febrero de 2008 cuando sobrevivió a ser atropellado por el subte luego de sufrir un estado de emoción violenta. "Se dijeron muchas cosas de lo que me pasó aquel día. La realidad es que yo no tuve un accidente: el que se tiró a las vías fui yo. Sufrí lo que se conoce como estado de emoción violenta. Es un estado en el cual uno actúa con la obnubilación del juicio crítico y sin control de los impulsos. Es algo que le puede pasar a cualquiera que pase por una crisis emocional grave, o una situación de estrés muy fuerte. Yo venía acumulando dolor desde muy chico, y un día exploté."
 
La vida de Leandro fue dura desde su infancia. Su madre, Adriana Castaña, fue una mujer manipuladora y violenta que no le permitió conocer a su padre hasta los 7 años. "A mi papá lo vi por primera vez cuando mi abuela paró un taxi en la calle. Como por ese entonces estaba aprendiendo a leer,vi la licencia del chofer y leí que decía Daniel Gil. Le mostré a mi abuela la coincidencia con mi apellido, y vi cómo el conductor me miraba por el espejo retrovisor. Estoy seguro de que mi abuela sabía que en ese taxi iba mi papá cuando lo paró en la calle, pero no dijo nada para evitar una pelea con mi mamá", cuenta este joven.
 
Vivió con sus hermanos y su madre en una casa rodante cuando ella dejó de pagar el alquiler. "Mi mamá nos encerraba en una habitación por horas, un día que me escapé, fui a la cocina y la vi con una pajita en la nariz, aunque era chico entendí todo al toque, até los cabos y comprendí por qué había una mina que venía a mi casa y se llevaba los muebles y los electrodomésticos", recuerda con nostalgia.
 
La vuelta a sus orígenes
Pese a su dura infancia, Leandro asistió a una escuela técnica, en la que se destacaba por sus notas y su nivel de calidad humana. Cuando decidió ponerse en contacto con su familia paterna para saber más sobre su origen, su madre lo tildó de traidor. "Cuando vio que no iba a desistir de conocerlos, me puso la ropa en una valija y la tiró al medio de la avenida."
 
Por ese entonces, con 17 años, Leandro conoció a Tatiana, una chica dos años menor que él, con quien comenzó una larga relación. Tras vivir en la casa de uno de sus mejores amigos un tiempo, denunció a su madre por maltratos con la ayuda del celador de su colegio, y fue a vivir con su abuela materna. En el verano de 2008, Leandro fue de vacaciones con la familia de Tatiana, pero la relación ya no era la misma, y al volver, ella decidió terminar su noviazgo. "Y yo, que extrañaba a mis hermanos y la relación con mi viejo se había vuelto distante, de repente me sentí solo y tuve miedo", confiesa.
 
Aquel 13 de febrero Leandro le envió flores a Tatiana, y la fue a ver a su casa. La esperó un par de horas hasta que ella bajó de un taxi, comenzaron a discutir, apareció el padre y se la llevó adentro. Tatiana miró por última vez a Leandro antes de que se cerrara la reja del edificio y le dijo "andá a tu casa", pero en ese momento algo en su mente se rompió, como un dique destruido por los golpes de la vida, su razón fue arrastrada por las aguas de la locura. Se subió a la moto y al pasar por la estación de subte Jujuy, se bajó y trató de ponerle fin a tanto dolor.
 
Abrió sus ojos en la entrada del hospital Ramos Mejía, sólo recuerda algunas escenas, como cuando escuchó que alguien decía "vamos a tener que cortarle los brazos", a su padre arrodillado en el piso del hospital llorando al enterarse de lo que había sucedido y la horrible sensación de cuando le cortaron la ropa.
 
Después del accidente, estuvo cinco días en coma farmacológico, y recibió 17 transfusiones de sangre. Le agarró fiebre, los doctores creían que su cuerpo no resistiría. Estaba muy lastimado, su cabeza estaba tan deformada que le llegaba de hombro a hombro por la hinchazón de los golpes recibidos.
 
Lo peor fue el primer momento, al salir del coma. Nadie entendía que Leandro no había querido terminar con su vida, que se había tratado un episodio de emoción violenta. Todo su entorno creía que luego de que su novia con la que llevaba seis años terminara la relación, él había decidido ponerle fin a su vida. "Los tres psicólogos del hospital me creyeron que no iba a volver a tratar de matarme, pero el psiquiatra no estaba tan seguro. Lo miré a los ojos y le dije: vos sabés que no quise hacer esto, por favor, confiá en mí, no me mandes a un neuropsiquiátrico." El doctor lo miró a los ojos y puso su firma para que fuera dado de alta.
 
Gracias a sus amigos, Leandro pudo superar los miedos, el desconcierto, y las dudas de cómo seguir adelante. "Ellos me acercaban una galletita a la boca, y cuando la estaba por comer, me decían «oole», para que no la pudiera agarrar. Otro entró en la habitación y lo primero que soltó fue un «sos un pelotudo», y de repente, todo era reírnos. Entendí que podía quedarme en el papel de víctima o comenzar a ser responsable por mi vida. Y elegí lo segundo", explica.
 
Volver a vivir
Inventó con un tensiómetro roto, un arnés con cabezales intercambiables para poder comer o escribir en el teclado. Aprendió a utilizar sus pies para realizar diversas tareas, y decidió anotarse para estudiar periodismo en TEA. "Les escribí una carta a los directores. solicitándoles una beca, ya que no trabajaba y solo cobraba una pensión de 500 pesos por invalidez. Me la respondieron al otro día diciéndome que querían conocerme, y al ver mi determinación por cumplir mi sueño, que era ser periodista, no dudaron en dármela."
 
Meses más tarde, cuando su historia comenzó a circular por los medios, entró en un grupo scout invitado por una ex compañera del colegio, sorprendida por lo que le pasó. "No sé si fue por ser el nuevo o por qué, pero las chicas se me empezaron a acercar. Yo sabía que con el tiempo iba a poder volver a hacer las cosas que hacía antes, pero para mí, estar con otra chica no estaba dentro de mis posibilidades." Entre esas mujeres conoció a una joven y apasionada muchacha de 19 años, Mariel Mahona, que lo cautivó al instante. Pero no pasó mucho tiempo antes de que entre ellos dos comenzara una bella historia de amor. "Ella estaba de novia, pero nos coqueteábamos mutuamente, hasta que un día que ella iba a despedir a su novio, que se iba de viaje, le escribí un mensaje de texto diciéndole que no iba a dejar de pensar en mí aunque estuviera con él adelante, y ella me respondió unas horas más tarde, confesándome que me odiaba porque había tenido razón."
 
Pese a que al principio él quería tomarse las cosas con calma y no apresurar la relación, ella quiso algo más serio, y más allá de las trabas de ambas familias, se pusieron de novios. Con ganas de mudarse juntos, pero sin dinero por la falta de trabajo, Leandro volvió a sentirse deprimido,y decidió hablar con Mariel. "Le dije que necesitaba algo que me diera ganas de seguir adelante, y cuando ella me preguntó qué quería, yo le respondí sin dudar: quiero tener un hijo". Mariel le acarició la cara y aceptó la propuesta. Nueve meses más tarde llegó al mundo Lis (que toma su nombre de la flor de lis, el símbolo del scoutismo), su hija, hoy de dos años y cinco meses.
 
"Cuando llego Lis, teníamos miedo de cómo íbamos a hacer para mantenernos, Mari tenía un trabajo bastante precario y yo estaba desempleado", recuerda Leandro mientras mira con amor incondicional a su hija. "Pensé hasta en ponerme a vender unos escritos que yo había hecho en el subte, pero la vida me volvió a sorprender. Un tiempo atrás había escrito una carta al Ministro de Educación explicándole mis ansias por trabajar y esa carta llegó a una de las personas más maravillosas que pude conocer en la vida, Felipe Salvatierra (asesor del ministro Alberto Sileoni). Felipe que ya había ayudado a un ex convicto a reinsertarse laboralmente, se puso mi caso al hombro y logró que entrara en el departamento de prensa del Ministerio de Educación."
 
Leandro tiene muchas cicatrices externas e internas que no intenta esconder. Aunque reconoce que antes se veía en el espejo y se odiaba, ahora se muestra seguro de sí mismo y tiene sus motivos. La vida pudo golpearlo cruelmente o desgarrar su cuerpo, pero no así su voluntad.
 
Hoy, con 26 años, no solo trabaja en el área de Prensa del Ministerio de Educación de la Nación, manejando las cuentas oficiales del Ministro en las redes sociales, también colabora con la revista Kine (gracias a sus artículos ganó dos premios Gota en el Mar al periodismo solidario), y con el programa de radio Somos Todos Diferentes, por Radio Gráfica FM 89.3, tiene una hermosa hija de dos años que lo ayuda a vestirse con toda su ternura y una hermosa mujer a su lado. Leandro Gil podrá no tener dos brazos, pero tiene una voluntad de acero.
 
Corta biografía de una larga vida
Leandro Gil
Profesión: periodista
Entidad: colabora con la Revista Kine y trabaja en el área de prensa del Ministerio de Educación
Fecha de nacimiento: 26/1/86
Logros: recibió el premio Gota en el Mar al Periodismo Solidario en 2012
 
2 años
Tiene su hija Lis
Junto a su mujer Mariel Mahona eligieron ponerle este nombre en honor a la flor de lis, el símbolo del scoutismo.
 
para saber más
Revista Kine
www.revistakine.com.ar
Gota en el mar
www.gotaenelmar.org.ar

En primera persona. "Todas las familias son únicas",.

Por Marina von der Heyde. 
 
 
 
 
A mi marido Pablo y a mí nos presentaron porque teníamos muchas cosas en común. La primera salida me la pasé casi gritando. Yo no tenía idea lo que era la hipoacusia. De hecho fue todo un aprendizaje conocer las diferencias entre sordo, sordo mudo, o con audición reducida. Luego descubrí que el hipoacúsico es como un corto de vista, lo que pasa es que estamos más acostumbrados a ver personas con anteojos que con audífonos, o que lean los labios.
 
Nos entendimos muy bien desde el principio. Para mí no es difícil entenderlo porque su oralidad es clara. Lo que si me costó al principio fue tener que hablar por teléfono con terceros para comunicarme con él para salir. En ese entonces los mails funcionaban bien, pero no para los temas de último momento. Recién a los varios meses de conocernos el celular y los mensajes de texto nos mejoraron mucho el proceso. A lo que me acostumbré es que mirarlo y modular más. Hay que olvidarse de los gritos y pasar a una vida más silenciosa que requiere más atención. Ir a la persona para decirle algo.
 
La verdad es que todo se fue dando solo. A la hora de la convivencia nos enfocamos en encontrar entornos donde nos aceptasen como somos. En la casa nos complementamos mucho y los dos tratamos de tener roles muy presentes. Su trabajo en arquitectura le da más flexibilidad para estar más por la casa y compartir tiempo con los hijos lo cual valoramos mucho. Es metódico y ordenado, lo que suma mucho a la convivencia. Por mi parte me dedico más a los chicos al volver del trabajo y disfruto cocinando.
 
A la hora de encarar el proyecto de tener hijos surgió el tema de si su discapacidad era hereditaria o no, pero por ahora todo se ha ido dando sin mayores problemas. Hoy tenemos dos hijos de 1 año y 7 meses y otro de 5 años, y ambos escuchan bien.
 
Todas las familias son únicas. La nuestra ha incorporado hábitos a la vida diaria que de otra forma no hubiéramos tenido que incorporar, pero eso no nos hace una familia diferente. Tenemos nuestros altos y bajos como todos. Agradezco que sea una familia muy unida y que está presente, tanto la de su parte como de la mía.
 
En la sociedad hay mucho desconocimiento, miedos y tabúes que hacen que todo sea complejo para alguien con discapacidad. Lo que toda persona necesita es que la ayuden a ser lo mejor de sí misma y para ello es necesario que existan posibilidades para cada capacidad. Estoy convencida de que cada uno es único y cuenta con capacidades para desplegar, siempre que lo dejen hacerlo.
 
La discapacidad es la otra cara de la capacidad. Como alguien me dijo alguna vez: "Todo depende del cristal con que se mire".

Salud. Una médica que enseña hábitos de vida saludables.

Un día sintió que su lugar estaba fuera del consultorio y fundó Proyecto Surcos para meterse de lleno en las comunidades más vulnerables. Identificaron juntos los problemas más urgentes y diseñaron las mejores respuestas. 
 
 

 
 
 
A Alejandra Sánchez Cabezas le sobran títulos académicos y profesionales. Sin embargo, ella saca a relucir su humildad y prefiere definirse como "un intento de trabajadora social". En el fondo y en la superficie, es mucho más que eso. Después de varios años de practicar la medicina en el hospital y el consultorio, Sánchez Cabezas sintió que para poder generar un cambio social profundo tenía que trabajar directamente en las comunidades más vulnerables. Algo así como pasar del escritorio al barro.
 
Y eso es precisamente lo que hace mientras Comunidad la acompaña a una de sus visitas al Centro Comunitario María de los Pobres, en el barrio Itatí, en Escobar. Allí se reúne con Dionisia Sequeira, una referente del barrio de 79 años, que además de ponerse al hombro el comedor que da almuerzo a 70 chicos, es una de las principales promotoras de los proyectos de salud del Proyecto Surcos, ese que hace 13 años Sánchez Cabezas fundó con la idea de dejar huella en la salud de la gente. "Se llama Surcos porque tiene que haber una tierra, agua, alguien que labre y un trabajo colectivo para que algo nazca", explica su fundadora.
 
Porque después de mucho investigar y mucho caminar los pueblos del interior, Sánchez Cabezas comprobó que los cuidados médicos impactan entre un 11 y un 25% sobre la salud de las poblaciones, los modos de vida o formas de organización social entre el 43 y el 50%, y el ambiente físico entre el 10 y el 20%. Por eso desde Surcos buscan impactar en cada uno de estos aspectos concretos: sobre el acceso y la calidad de los servicios de salud, sobre el medio ambiente, sobre las formas de relacionarse y sobre los modos de vida.
 
"En 1999 empecé a percibir la crisis y me di cuenta de que si quería mejorar la salud de la gente, tenía que hacerlo fuera del consultorio. Adentro se podía curar la enfermedad únicamente, pero no construir y mejorar la salud", dice esta médica de la UBA, que en esta nueva iniciativa quiso juntar especialistas de diferentes disciplinas para romper la soledad del trabajo individual a la que están acostumbrados los médicos.
 
Pero el punto de inflexión en su vida y en su vocación vino con la llegada de sus hijos, cuando se puso a reflexionar sobre el legado que les quería dejar. "Los hijos te dan otra perspectiva de la vida. Y cuando empecé a pensar que ellos iban a crecer y me iban a preguntar qué había hecho de mi vida, tuve que cambiar de rumbo. Porque el hospital tiene que ver con una realización personal y yo quería tener impacto comunitario. Hoy mis hijos trabajan en un proyecto cultural en la villa Santa Rosa y lo lindo es ver cómo ellos me superan ampliamente", dice esta madre orgullosa de sus hijos de 20 y 18 años.
 
Sánchez Cabeza hizo todo lo que se espera de un médica de carrera: estudió Medicina en la UBA, se especializó en ginecología y cirugía translaparoscópica, hizo la carrera docente y enseñó temas de fertilidad. Además ganó una beca de la Comunidad Europea en Francia para profundizar sus conocimiento sobre fecundación in vitro y cirugía translaparoscópica. Más tarde, también dio sus pasos en el Programa de Salud de la Mujer en el Hospital de Clínicas. Pero había algo que le faltaba .
 
Y en este búsqueda fue que junto con otro ginecólogo presentó un proyecto a la Fundación Perez Companc, para empezar a trabajar en Santiago del Estero. Al tiempo se fueron sumando otros profesionales -una asesora pedagógica, un obstetra, un psicólogo- y el equipo fue creciendo. Más tarde pisaron firme en Corrientes, Misiones, Chaco, Escobar y Santa Cruz, con la idea de promover condiciones de vida más saludables, partiendo de los recursos propios de cada comunidad, a través del intercambio de saberes y habilidades.
 
Este nuevo abordaje de la salud la llevó a ir a las comunidades, a meterse en sus entrañas, a comprender la génesis de sus problemas, a construir con ellas un diagnóstico para identificar los problemas y ver con los recursos que cuentan para plantear posibles soluciones. "Lo interesante es dejarles la capacidad instalada sobre cómo resolverlos y por eso, como mínimo, trabajamos tres años en cada lugar", dice esta emprendedora social, que se apoya en las instituciones que están funcionando en el lugar para trabajar en forma articulada.
 
Para poder enfrentar este nuevo rol de facilitadora social, Sánchez Cabezas se tuvo que poner de nuevo a estudiar. Hizo una maestría en Epidemiología y Políticas de Salud, y más tarde una sobre Ciencias Sociales. Actualmente está cursando un doctorado en Salud Colectiva en la Universidad de Lanús y sigue atendiendo en su consultorio privado.
 
Empoderar a líderes locales
"Existe una enorme fragmentación en las acciones y sensación de que nadie hace nada, y es un caos. Sin embargo hay mucha gente que hace cosas, pero no están visibilizadas. Por eso nosotros queremos mostrar otro costado de la realidad, uno mucho más positivo, y empoderar a los líderes locales y capacitarlos", explica Sánchez Cabezas con una sonrisa, mientras comparte un budín con Dionisia, con la que ya construyó una relación afectiva entrañable.
 
Actualmente están haciendo trabajo de campo en comunidades de Misiones, Escobar y Santa Cruz. A su vez están desarrollando un proyecto con el Centro de Atención Integral a la Niñez y Adolescencia (Caina) porteño para encontrar los instrumentos para atender de manera más eficiente a los chicos en situación de calle, y con el Cemic están capacitando a los residentes de medicina familiar.
 
En Escobar, primero realizaron un relevamiento en centros comunitarios para ver cuál era el estado de situación de la comunidad. Como percibieron que las mujeres eran muy frágiles porque estaban limitadas únicamente a trabajar, empezaron a hacer actividades con ellas. Así fue como pusieron en marcha talleres sobre temas de salud, de primeros auxilios y de enfermedades prevalentes, de temas de salud de la mujer, de agua, de lactancia y de infecciones respiratorias, entre otros temas. "Estos eran los temas que a ellas les interesaban y fueron adquiriendo conocimientos que las empoderaron. Además crearon la Red de Salud de Escobar que tiene una pata de Tercera Edad y ellas son promotoras", dice Sánchez Cabezas, orgullosa del crecimiento humano que tuvieron las mujeres del barrio.
 
Dionisia, que se transformó en una de las principales promotoras de salud, sostiene que para ella lo más importante es que "sabemos que no estamos más solos, que si tenemos una duda podemos preguntarles a ellos y que vamos a salir fortalecidos de ahí. Yo tengo una alegría muy grande porque aprendí mucho y ahora sé cuáles son mis derechos. Siempre trabajé de chica, pero no conocía mis derechos. Ahora sé que si estoy enferma y voy al hospital, no me pueden mandar a casa porque tengo derecho a que me atiendan y me curen", sostiene con una firmeza que arrastra montañas.
 
Llevarle esperanza a la gente
Con esta misma lógica y metodología, desde 1999 trabajan junto a 35 comunidades de diferentes provincias en programas de capacitación, atención médica, conformación de redes de promoción, prevención y atención, formación de promotores de salud, formación académica de médicos y residentes, investigación y organización de congresos.
 
El plan de acción consiste en difundir un concepto de salud que incluya y articule aspectos biológicos, emocionales, sociales, económicos y ambientales. Lo hacen por medio de proyectos de capacitación y movilización social destinados a personas que trabajan con comunidades en situación de vulnerabilidad social (docentes, trabajadores de salud, centro comunitarios, comedores comunitarios, Poder Judicial y fuerzas policiales, etcétera).
 
De todos los aprendizajes que tuvo en esta aventura social, esta emprendedora sostiene que la más importante fue que en todos lados hay mucha gente que hace cosas positivas. "Yo crecí mucho profesionalmente y me hizo estudiar sobre diferentes saberes que me abrieron la cabeza. Además aprendí a confiar en los procesos que el impacto y los resultados no son lo más importante", resume esta médica de 52 años.
 
Pero no todo fue éxitos y alegría. También hubo piedras en el camino. Ganarse la confianza de las comunidades no fue fácil, tener que derribar los prejuicios, que entendieran cuál era la propuesta. Por eso Sánchez Cabezas tuvo que trabajar mucho su tolerancia a la frustración y poner toda la energía que tenía, y más, para que los proyectos pudieran salir adelante. "Este trabajo implica cambiar la forma de ser, estar y pensar de cada uno, y no todas las personas están dispuestas. Esto implica personalmente a cada uno de ellos", cuenta esta mujer, que está rodeada de un equipo de trabajo de 7 profesionales, otros 3 que trabajan en recaudación de fondos y un consejo asesor. "El trabajo conjunto es clave. No solo para Proyecto Surcos, sino tambien para cualquier tranformacion. Estoy convencida que si no sumamos fuerzas ningun cambio es posible", reflexiona.
 
Sánchez Cabezas tiene un sueño y no va a descansar hasta conseguirlo: llevarle esperanza a la gente. "Creo que hay que recuperar la mística, los valores, jugarse por lo que uno cree. Si a tu alrededor todos los hechos te demuestran que no tenés posibilidades, hay que generar nuevos entornos para que realmente las tengan. Tenemos que confiar en que si nos juntamos, algo bueno va a salir, pero no traemos una receta. Esto lo construimos entre todos", concluye Sánchez Cabezas, mientras Dionisia la mira con ojos de agradecimiento.
 
biografía
Alejandra Sánchez Cabezas
 
Profesión : médica, especializada en ginecología
ONG : Proyecto Surcos
Página Web : www.proyectosurcos.org
Área de acción : promover condiciones de vida más saludables
 
estado de situación
30%
Se siente enfermo
Este es el porcentaje de personas que se perciben con algún tipo de problema de salud grave o enfermedad crónica.
21%
Manifiestan malestar psicológico
Estas son personas mayores de 18 años con problemas emocionales.
43,5%
Mala atención
Esta es la cifra de mayores de 18 años que esperaron más de una hora para ser atendidos en una institución médica privada o pública.ong en acción
Otras entidades que trabajan en la misma temática
 
Sistema Ser
www.sistemaser.org.ar
Nutrired
nutrired.org
 

Cuerpo y Alma
www.cuerpoy alma.org.ar
Fundación Alma
www.fundacionalma.org.ar
 

La Higuera
www.lahiguera.org.ar
Médicos del Mundo
www.mdm.org.ar
Médicos sin Fronteras
www.msf.org.ar

Prevención de adicciones. Salir del pozo de las drogas para ayudar a otros a hacer lo mismo.

Hernán Varangot probó todas las sustancias que tuvo a su alcance para llenar un vacío existencial; después de salir adelante gracias a un tratamiento armó la Fundación Grupo San Carlos para guiar a otros en este camino. 
 
 

 
 
 
"Yo agarré mi primer porro a los 14, pero creo que ya era adicto desde los 10. Es que cuando una persona se droga es porque tiene una especie de infección en su alma, la droga es sólo la fiebre, no la causa de la infección." Carlos Hernán Varangot Rawson Paz, más conocido como Harry, resume así no sólo lo que le pasó a él, sino lo que como profesional especializado en tratamientos contra el consumo de drogas reconoce en los adictos. Es que él mismo, que creó y preside la Fundación Programa San Carlos, una comunidad de rehabilitación, es ex adicto.
 
Varangot tiene hoy casi 49 años y hace 26 que no consume ninguna clase de droga, salvo el tabaco: fuma diez cigarrillos por día. Sus ojos grises con vetas verdes no vacilan cuando cuenta su historia, se vuelven profundos y pensativos. No se avergüenza de su pasado: con una sonrisa de aceptación afirma que los errores cometidos en su vida son los que lo llevaron a ser lo que es hoy.
 
Empezó a consumir por tristeza, por soledad, porque no encajaba en ningún grupo. Su familia, de buen pasar económico, le había facilitado una vida cómoda y con todo lo necesario, pero en ocasiones pasaba días sin ver a sus padres.
 
"En mí no es que había un adicto, había una sensibilidad que al no cotizar en el concepto de hombría, porque no quedaba bien de macho, la tuve que esconder. Entonces me fue metiendo más para adentro, y termine sintiéndome inseguro de todo", sintetiza.
 
Pese a su buen desempeño académico en la primaria, en la secundaria hizo que lo echaran del colegio, por un miedo inconsciente a fracasar. "Cuando a los 14 un grupo de chicos me ofreció un porro, yo tenía tanto dolor, y estaba tan perdido, porque era tan distinto de todos, que sentí que ahí me encontraba. Con esos chicos encontré una identidad, un grupo que me aceptaba sin juzgarme, y eso para mí fue como una medicación al dolor. Es importante que cuando la gente vea a un adicto no piense que lo hace porque le gusta, que la realidad es que ese alguien se droga porque está tapando algo. La droga es la fiebre, la infección está en otro lado."
 
Dos años más tarde, ya adicto a la marihuana, comenzó a consumir cocaína. A los 17, cuando terminó el colegio, su entorno ya lo había llevado a probar cualquier droga que llegaba a sus manos. Fue a los 21, al ver que su vida tocaba fondo, y que no podía estar cerca de las personas que más amaba, que decidió poner fin a sus adicciones y rehabilitarse.
 
"Por esa época, en la Argentina, los adictos terminaban presos, muertos o en un psiquiátrico. Todos los diagnósticos daban que el tipo intoxicado estaba enfermo, era paranoico, esquizofrénico, border, dual, etcétera. Y claro que un adicto estaba paranoico, pero no era una condición en sí, sino que era algo causado por las drogas, y el problema de raíz no se trataba en ningún lado", explica Varangot. Fue por esos años que un hombre llamado Carlos Novelli, en un viaje que hizo a Estados Unidos para buscar drogas, entró casi por error a una Iglesia Evangelista y así pudo alejarse de sus adicciones. Buscando ayudar a otros adictos investigó los sistemas de rehabilitación en Estados Unidos , y en 1982 fundó en Buenos Aires el Programa Andrés en Diego Gaynor, el primer programa del país en tratar a drogadictos. Tuqui, la madre de Hernán, preocupada por la salud de su hijo se volvió voluntaria del Programa Andrés e instó a su hijo para que ingresara a la granja.
 
Luego de su exitosa rehabilitación, y de colaborar en 1987 como director de 180 chicos en el Programa Andrés, Hernán pasó por varios trabajos buscando probarse a sí mismo que se había recuperado y que podía reinsertarse en la sociedad llevando una vida sana y lejos de las drogas. Para poder ayudar a más chicos a recuperarse de sus adicciones realizó, entre otros, un curso en desórdenes múltiples en la University of Miami, en Estados Unidos, y consiguió que le prestaran durante dos años una casa en Olivos, donde comenzó a recibir a sus primeros pacientes y residentes, vocación que no abandonó jamás. "Yo pasé la mitad de mi tratamiento a las puteadas, preguntando ¿por qué?, y la otra mitad me pregunté ¿para qué?, y ahí encontré una vocación bellísima, donde la realidad es que me llevo mucho más que lo que doy."
 
En 1996, Varangot se recibió de operador socio terapéutico por la Universidad del Salvador. Rescatando siempre y por sobre todas las cosas los valores, principalmente la honestidad, el 3 de diciembre de ese mismo año abrió la Fundación Programa San Carlos, en una casona en el barrio de Palermo.
 
Hernán conformó un equipo multidisciplinario que cuenta con especialistas en diferentes temáticas y también con muchos ex adictos, que se rehabilitaron en la misma fundación. "Este tipo de abordaje en conjunto es necesario, porque los traumas estructurales que llevan a una persona a consumir drogas están cruzados. Una persona con este tipo de problemas no tiene que ir a una centro de rehabilitación que sólo trabaje la adicción. En una comunidad honesta tiene que haber terapias, grupo de padres, grupo de hermanos, grupo de autoayuda, terapias familiares; porque el adicto es el emergente de una familia que tiene problemas", advierte Hernán.
 
Lo interesante de Hernán es que tiene muy en claro cuál es su lugar en el mundo: "Si yo me fuera de acá me marchitaría. Cada vez que alguien toca el timbre, y sé que es una primera entrevista, yo siento que soy yo hace 25 años, ¿y cómo voy a abandonar a ese Hernán de hace 25 años conociendo lo que es estar en su lugar? Yo siempre digo que ojalá algún día me quede sin laburo. Porque si me quedo sin laburo es que la gente no se droga más, y si no se drogan más es porque no hay mas tristeza".
 
biografía
Hernán Varangot
 
Profesión : Operador Socio Terapéutico
ONG : Fundación Grupo San Carlos
Página Web : fundacionsancarlos.org.ar
Área de acción: prevención y tratamiento de las adicciones.
 
estado de situación
 
8,1%
Consume marihuana
Es el porcentaje de mayores de 12 años que consume marihuana, 47,3% tabaco, 70% alcohol, 3,1% tranquilizantes y 2,6% cocaína
 
ONG en acción
Más entidades que trabajan en esta temática
 

Amor no es violencia.


 
 

 
 
 
Decir esto parece innecesario, pero no lo es: la violencia en las parejas sigue creciendo. Si bien no es la única forma de violencia, es la más frecuente y va en aumento; pese a eso, es poco reconocida. Se ha escrito mucho y se legisló, pero aún no es suficientemente valorizada. En el inconsciente colectivo sigue predominando la idea de que "es algo privado", "sólo las parejas saben". La violencia contra la mujer sigue naturalizada como algo "habitual", aunque enferma y mata a más mujeres que el cáncer.
 
La violencia será el tema central en la próxima sesión de la Comisión de la Condición de la Mujer de las Naciones Unidas, que se realiza cada año en marzo. Allí, gobiernos, organizaciones de mujeres, agencias de las Naciones Unidas y donantes acordaremos las líneas de acción para atender este problema y también eliminarlo.
 
En 1995, en la Conferencia Internacional de la Mujer en Pekín, se aprobaron muchos compromisos; algunos se cumplieron, otros no, pero la violencia contra mujeres y niñas siguió creciendo y aumentó su gravedad.
 
La Argentina es un buen ejemplo: avanzamos, tenemos leyes muy buenas, como la 26.485 de protección integral, para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres; tenemos la ley que reconoce el femicidio; la de trata, que el año pasado se mejoró, pero la violencia continúa y las muertes aumentan. ¿Por qué? Cuando las leyes no se implementan ni se cumplen es por falta de interés político: si el gobierno nacional tuviera interés en el tema, esto no ocurriría. No puede ser que, después de cuatro años, la ley 26.485 no se implemente, que no haya un presupuesto acorde con las necesidades, que no tengamos estadísticas para saber cuántas son y dónde están las víctimas, ni siquiera las que han sido asesinadas, dato más fácil de obtener.
 
Faltan protocolos de atención uniformes, para que los servicios de salud atiendan a las mujeres en la emergencia y también con asesoramiento legal y psicológico. El Ministerio de Salud de la Nación no aprobó por resolución un protocolo para la atención de las personas violadas terminado en 2011, tampoco lo difunde ni capacita al personal. No se desnaturaliza la violencia, como plantea la ley, a través de campañas. El año pasado, en Fútbol para Todos se difundió apenas durante un corto período la iniciativa "saquemos tarjeta roja al maltratador". El Ministerio de Educación tampoco elaboró los contenidos para incorporar la prevención de la violencia contra las mujeres en toda la enseñanza.
 
La Corte Suprema de Justicia actúa: con las oficinas de Violencia Doméstica y la de Mujer, brinda servicios y capacita al personal de la Justicia y, en menor medida, al de las fuerzas de seguridad, que debería ser capacitado por el Ministerio de Seguridad y otras instancias del Poder Ejecutivo Nacional. Los gobiernos provinciales y locales hicieron poco o es insuficiente.
 
¡Tenemos la posibilidad de revertir esto! Esperemos que la reunión de la ONU nos ayude a cumplir la ley y a atender esta tragedia sociofamiliar que no tiene bandería política y cuyas víctimas no tienen voz o se la quitaron.
 
© LA NACION

Salud., Denuncian trabas en el PAMI para cubrir enfermedades oftalmológicas.


 
Los pacientes acceden demasiado tarde o no pueden realizar los tratamientos completos para atender la degeneración macular, advierte un informe de expertos.
 
Por Sebastián A. Ríos. 
 
 
 
 
De la mano del avance de la expectativa de vida, la degeneración macular relacionada con la edad (DMRE), que constituye la principal causa de ceguera legal (por la que se puede tramitar el certificado de incapacidad) en mayores de 65 años, amenaza en convertirse en un problema de salud pública en América latina. Eso es lo que sostiene un informe de expertos, que advierte sobre la existencia de barreras en el acceso al tratamiento que amenazan la vista de los pacientes.
 

"Sistemas burocráticos de seguros de salud que limitan y bloquean el acceso a los tratamientos aprobados para la DMRE" y "sistemas de reembolso complicados que generalmente retrasan el tratamiento" son las dos principales barreras en la región que consigna el informe "Promoviendo mejores tratamientos y resultados para la DMRE", redactado por expertos de la Sociedad Panamericana de Retina y Vitreo.
 
La Argentina, coincidieron especialistas consultados por LA NACION, no escapa a estas dificultades. "La mayor parte de nuestros pacientes llega tarde al tratamiento -aseguró el doctor Carlos Zeolite, presidente de la Sociedad Argentina de Retina y Vitreo-. El paciente hospitalario no tiene acceso prácticamente a ninguno de los tratamientos hoy vigentes, ya que son muy pocos los hospitales que los proveen. Las obras sociales, por su parte, tienen un sistema burocrático en donde el paciente debe pasar por auditores, lo que demora un tiempo que es precioso para la efectividad del tratamiento."
 
"A los 6 meses de la aparición de los síntomas (visión borrosa, distorsión de las líneas, alteración de la visión de los colores), una persona puede perder la visión -dijo el doctor Patricio Schlottmann, de la Organización Médica de Investigación-. En PAMI, que es uno de los principales prestadores que cubren el tratamiento de la DMRE, vemos muchos pacientes que tardan 30 o 40 días en acceder a la medicación, y también casos en que tardan 60 días porque falta un papel o quieren revisar alguna cosa, cuando debería empezar a tratarse dentro de los 14 días posteriores al diagnóstico."
 
Síntomas y alertas
En muchos casos, se trata de pacientes que han perdido la visión de un ojo. "Lo típico que vemos es un paciente que recién con el segundo ojo se da cuenta. Y ahí el tiempo apremia", agregó. Una forma de advertir los primeros síntomas de la enfermedad es taparse cada uno de los ojos para determinar qué tan bien ve el ojo destapado.
 
La degeneración macular asociada a la edad afecta a más del 35% de los mayores de 80 años, en los que destruye la visión central aguda, que es la que permite leer, manejar, reconocer una cara y realizar infinidad de tareas que permiten que una persona se maneje en forma independiente. "Si bien no llega a causar una ceguera como en la que piensa la gente, que es como estar dentro de una habitación sin luz, causa ceguera legal, porque la persona no puede leer ni manejar, ni tampoco trabajar", precisó Schlottmann.
 
La Organización Mundial de la Salud estima que afecta a entre 25 y 30 millones de personas. "Es la primera causa de ceguera legal en el mundo desarrollado, y aunque en la Argentina no contamos con estudios al respecto, aparentemente también es así", agregó el oftalmólogo, que precisó que existen dos formas de DMRE. La forma seca, de lenta evolución, es la más frecuente, pero carece de tratamiento. La húmeda, por su parte, es la más rápida y agresiva, pero hoy su avance puede ser frenado en el 95% de los casos mediante la inyección intraocular de drogas que inhiben la formación de nuevos bajos sanguíneos debajo de la retina, cuyo crecimiento anárquico es el que lesiona la región central de la retina: la mácula.
 
Los medicamentos no sólo detienen el avance de la enfermedad, dijo el doctor Lihteh Wu, presidente de la Sociedad Panamericana de Retina y Vitreo, "sino que en el 40% de los casos se puede recuperar parte de la visión perdida hasta obtener una visión compatible con los requisitos para conducir un automóvil".
 
Pero el tratamiento de la DMRE es caro, lo que representa una barrera de acceso para los pacientes y un desafío para los sistemas de salud. Cada inyección intraocular cuesta entre 2000 y 12.000 pesos, según la droga usada. "El tratamiento inicial implica tres dosis, una por mes, pero muchos pacientes deben ser tratados uno o dos años más, con inyecciones mensuales, bimestrales o trimestrales -explicó Zeolite-. Muchas obras sociales y prepagas aprueban las dosis iniciales y no los retratamientos. Esto o lo paga el paciente o abandona el tratamiento y se pierden sus efectos."

Países bajos, Alarmante tasa de obesidad en niños con síndrome de Down

Científicos europeos coinciden en rotular como alarmante el aumento de peso en la población de niños con síndrome de Down. Una nueva investigación llevada a cabo en Holanda y los Países Bajos está llamando la atención en todo el mundo por el sorprendente número de niños con el trastorno que fueron relevados y que tienen sobrepeso.
 
 
Se trata de un estudio que abarca casi 1.600 niños con síndrome de Down, que llegó a la conclusión que este grupo resultó dos veces más propenso a tener sobrepeso u obesidad que el grupo de niños de desarrollo típico.
Según informaron los investigadores en la revista Pediatrics, se estima que aproximadamente una cuarta parte de los niños con síndrome de Down estudiados presentaban sobrepeso a partir de los 4 años. Ese porcentaje se mantuvo también constante entre los niños mayores.
En particular, los investigadores encontraron un aumento espectacular en niños de 2 y 6 años, una tendencia que no fue tan significativa entre los de desarrollo típico.
No está claro si existen factores biológicos subyacentes que hacen que las personas con síndrome de Down desarrollen más probabilidades de volverse obesas o si acaso se deba a consideraciones de estilo de vida, pero los investigadores no dudaron en calificar esta tendencia como "alarmante".
"Los profesionales de la salud deben ser conscientes del riesgo y deben asegurarse de que el crecimiento se supervise con regularidad en todos los niños con síndrome de Down, lo cual permitirá la detección temprana de aumento de peso inapropiado e iniciar intervenciones adecuadas cuando sea necesario", dijeron los investigadores.